El monstruo fronterizo ha sumido a las fuerzas de seguridad en una encrucijada. Durante años el Gobierno central, bajo mandato pepero o socialista, ha optado por no situar esta frontera sur de Europa en objetivo básico de inversiones ordenadas y con fundamento. En esta particular línea roja se han tirado muchos millones. Se hizo el techado tipo nave espacial que en verdad no mejoró las condiciones para los policías y se optó por construir los inhumanos túneles de cuyo interior tanto el CNP como la Benemérita han tenido que rescatar a mujeres a punto de fallecer aplastadas.
Se desaprovecharon aquellas vacas gordas para hacer otras inversiones y así, al final, hemos dejado una frontera tercermundista, sin la posibilidad de servir como línea de seguridad para una frontera que soporta uno de los mayores volúmenes de tráfico y que, como bien se apunta en la Memoria de la Fiscalía, separa dos zonas con un gran diferencial en calidad de vida adecuado solo a las de las dos Coreas.
Los datos ofrecidos ayer con motivo del día del Patrón dan una visión del tráfico que soporta esta línea y de los intentos de pase que llevan a cabo personas con antecedentes. Las expulsiones de marroquíes detenidos o condenados en distintos puntos del país se llevan a cabo por Ceuta, no por Melilla. Esto lleva a que se queden en la zona norte auténticos criminales que tienen en su inmediata intención el pase a nuestra ciudad. Casi 22.000 marroquíes fueron rechazados en frontera y tenían antecedentes variados, muchos de ellos por robo. Son asuntos que inciden directamente en la delincuencia local y que no tienen que ver con la que genera la propia sociedad sino con la vinculada a una frontera que ha crecido cual monstruo sin que las autoridades hayan sabido dotarla en tiempo y forma para hacer el trabajo más fácil a cualquier fuerza de seguridad.
Así tenemos hoy lo que tenemos: una imposibilidad de un control de calidad como el que merece una frontera encuadrada en las líneas de alerta por su condición de frontera con el norte marroquí. Una frontera que soporta largas concentraciones y colapsos y que a estas alturas ni siquiera dispone de explanadas para realizar los registros oportunos porque hubo políticos que consideraron que ese gasto no era relevante.
Muchas de las penas de hoy dependen de las faltas del ayer.





