Cuando el delegado del Gobierno ofreció su discurso el día del Patrón del Cuerpo Nacional de Policía ofreció una auténtica conferencia sobre los conceptos modernos de la seguridad en una sociedad del siglo XXI. Unos aspectos muy subjetivos que, desde este mismo periódico, le rebatimos comentando que a los ceutíes no se les puede hacer responsable de la seguridad ciudadana en nuestra tierra como Cucurull pretendía. Por eso sorprende que el delegado no se crea ni sus propias conferencias, ya que si partimos de la filosofía defendida, es más que evidente que en la comparecencia que ayer protagonizó junto al jefe superior, Alfonso Sánchez, se le olvidó su agradecimiento a los numerosos testigos que han colaborado con las investigaciones policiales para que éstas fueran resueltas en 72 horas. De no ser por ellos, todo hubiera sido muchísimo más complicado, toda vez que fueron sus detalles los que sirvieron para estrechar el cerco sobre un perfil muy concreto. Esto no quita que la labor de la UDYCO haya sido destacada, pero no hay que dejar de lado las patas importantes de esta historia y una de ellas es la de los testigos.
Ellos pusieron de manifiesto una muestra clara de colaboración ciudadana con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, pero quienes se debieron acordar no lo hicieron. Eso sí, ayer el delegado y el jefe superior ya se acordaron de quien realmente importa: la víctima y su estado, después de su nefasta intervención inicial orientada solo a escurrir el bulto, cada uno el suyo. Durante todo el fin de semana la Delegación del Gobierno, como institución que representa al Gobierno de España, no envío siquiera ni un triste comunicado para alabar la actitud de este ciudadano. Peor aún, incluso negaron que había habido una discusión previa con unos menores que llevó a Hicham a intervenir. Nefasto y mal asesorado.
Podemos entender esa alegría por la resolución de un caso por parte del Cuerpo Nacional de Policía, pero hay que cuidar las formas porque hay determinadas acciones que no se pueden olvidar y esos ciudadanos que han colaborado, incluso desplazándose en varias ocasiones hasta la misma Jefatura Superior, no han merecido ni una palabra de agradecimiento ni del delegado ni del jefe superior.





