El bajo nivel de recogida selectiva de residuos que se da en la ciudad no pude atribuirse exclusivamente a falta de concienciación de la población. Los ceutíes muestran unos paupérrimos resultados en lo que a reciclaje de vidrio se refiere (2,5 kilogramos al año por residente, casi veinte veces menos de las tasas que se alcanzan en San Sebastián y una décima parte de la media nacional), pero no menos pobres que si se analizan los recursos necesarios para elevar esas cifras.
Ceuta también está a la cola en disponibilidad de contenedores verdes, según el último informe elaborado por Ecovidrio y recién publicado con datos de 2022. En la ciudad solamente hay 115 contenedores, uno por cada 723 vecinos, extraordinariamente por encima también de las medidas del conjunto del país y por debajo incluso de las 150 unidades que exigía el último contrato de limpieza pública viaria, adjudicado a Trace hace ya más de 10 años y caducado desde febrero.
El Gobierno local se propone cambiar el modelo de gestión de residuos sólidos urbanos y dejar de limitarse a enviar todas las basuras a la península para pasar a contar con una planta que incentive la recogida selectiva, el reciclaje y la reutilización de recursos también como fuente de generación de riqueza y empleo.
Se trata de una línea de actuación que urge poner en marcha cuanto antes a la vista de los pobres resultados que se obtienen con uno de los elementos sobre los que existe más conciencia en lo que a las bondades de su reciclaje se refiere, algo que debería facilitarse todo lo posible al conjunto de la ciudadanía, pero que no se hace.






