Ruido, solo saben hacer ruido. De todo saben y de todo entienden. Eso dicen y eso difunden. Sin carrera material tienen cientos virtuales: saben más que un juez, dejan en ridículo a la Policía, argumentan ser los mejores periodistas...
A golpe de click dominan el mundo desde casa, con manta y sofá mirando al resto como si fueran patanes mientras ellos lo saben todo, opinan de todo, son los más puristas y ajustados a lo correcto, se dan cuenta de dónde está la ley y dónde la trampa.
El mundo se ha convertido en una gran jaula de sabelotodos dominada por el maestro liendre, que de nada sabe y de todo entiende. Y así va el mundo, cada vez más alocado, cada vez más imprudente, menos temerario a la verdad y más adorador del oportunismo.
No es que la pandemia y su confinamiento nos haya trastornado como sociedad, no es que el avance haya olvidado los valores por el camino, sencillamente nos hemos convertido en líderes de todo sin merecerlo, en dominadores de una realidad virtual desde que los opinadores en masa terminaron creyéndose más que los que han centrado su vida en el curro a goteo, en el camino a detalle, en el respeto.
Ruido, solo saben hacer ruido. Y seguirán en ese camino, en esa labor, porque desconocen el trabajo, porque desprecian la prudencia, porque olvidan la labor desde la barrera viendo a los toros pasar de la mejor manera.
Estamos atrapados en el dominio del click desde el sofá, en el dominio de los que saben, de los que entienden, de los que... una se pregunta ¿cómo es que están allí y no aquí?
Quizá sean ese especie de maestro liendre que de nada sabe y de tanto entiende, aunque ayudados de un gran altavoz virtual para que miles de fans a golpe de clikc secunden las mismas imprudencias, el mismo carácter presuntuoso, ese liderato en la torpeza.
Ruido, que sigan haciendo mucho ruido.






