La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía ha puesto cifras al drama. Más de 6.000 personas han fallecido en el Estrecho desde el año 1997. Son cifras registradas, contabilizadas, pero no abarcan el auténtico drama oculto en la gran fosa común en que se ha convertido el Estrecho. Nadie conoce a ciencia cierta el volumen de personas que ha perdido la vida en el mar porque resulta imposible saber cuántas han sido las huidas a la desesperada o los rescates que nos cuentan se hicieron pero de los que nunca hemos conseguido prueba alguna, al llevarse a cabo en otro país.
Más de 6.000 personas. Se dice pronto. Una auténtica sangría. Un drama. Hombres, mujeres y niños, muchos de ellos sin identificar que han muerto y cuyos cuerpos no han podido ser recuperados.
Cruzar el Estrecho siempre me ha producido una sensación extraña. Saberse segura en un ferry mientras pueden haber partido endebles balsas de plástico hacinadas de personas, supone un choque brutal. Tanto lo es que resulta complicado de asimilar, por no decir imposible. Hemos sido testigos de todo: de fallecimientos de niños, de madres con sus hijos, de bebés, de todos los componentes de una travesía que comenzó como la puerta a la esperanza y terminó como una tragedia. Aunque si reflexionamos sobre esta realidad todo en sí es una tragedia, abandonar tu propio país, dejar una vida, una historia, a tu propia familia por cruzar al otro lado en medios tan rudimentarios, casi de juguete, supone un canto a la temeridad, a la tragedia, a la propia muerte.
Pero aun así, a diario siguen saliendo embarcaciones, siguen huyendo de una África que va muriendo poco a poco, que pierde a su juventud, que pierde a una población útil que marcha engañada, sin saber el futuro inmediato que le espera.
Más de 6.000 muertes en el Estrecho. Es como hablar de una pequeña y permanente guerra en la que caen hombres, mujeres y niños. Una guerra de invisibles, una guerra virtual marcada por fronteras, líneas divisorias establecidas por intereses, negocios que viven y se nutren de esta tragedia... es la guerra constante de nuestro siglo, la que ha destrozado familias, la que ha dejado muchas muertes sin nombre, la que nunca nos atreveremos a reducir a una cifra porque a buen seguro que nos equivocaríamos. Es el drama, nuestro drama.





