La quema de vehículos en la ciudad se ha terminado convirtiendo en un problema de primer orden. Esto es así porque se ha permitido que algo que antes era anecdótico o circunstancial se convierta en lo habitual. ¿Soluciones? Deben encontrarse, siempre que se reconozca que hay un problema y siempre que se sea capaz de asimilar los posibles fallos que se están cometiendo. Los partes que se hacen a diario desde el Servicio de Bomberos cada vez que se produce un atentado demuestran una realidad que todavía hay instituciones que no quieren entender: el mayor porcentaje de los vehículos que aparecen quemados no son abandonados. Es decir, no se está ante una práctica tan sencilla de erradicar con la aprobación de una mera ordenanza. Aquí hay algo más grave: un problema de seguridad ciudadana al que no se le ha puesto coto. Para evitar que esto siga siendo diario, permanente y eterno, urge un análisis adecuado. Sólo así se sabrá el camino en el que se encuentra el remedio.





