El Auditorio del Revellín acogió ayer la ceremonia de entrega de medallas de la Ciudad, acto al que no faltó la completa nómina de autoridades civiles, militares y religiosas de Ceuta
Dejó escrito el periodista gallego Julio Camba sobre Nueva York, la Gran Manzana, que ésta era una ciudad sin clima: “Tiene calefacción y frigorífico, pero no tiene clima. Toda la temperatura es importada. El frío viene del Polo y el calor del Golfo de México”. Ayer, en otra manzana, en la del Revellín, coincidieron más gallegos y otro tipo de clima, el de Ceuta, que se empeñó en carecer de autoría: sol, nubes, lluvia, aire, poniente, levante, ¿verano?, ¿otoño?
La medición del clima en un acto como el de ayer se calibra por la vestimenta de la asistencia femenina, más variada y sujeta a la creatividad. La de los hombres, en este tipo de actividades, es tan monótona como un verano en el Sáhara. Y a tenor de lo observado en el interior del auditorio, el traje de verano femenino venció al de entretiempo. Fuera, el otoño se hacía insultante a chaparrones.
El patio de butacas estaba prácticamente lleno. Los laterales, vacíos. Sol y nubes. Cuanto más cercano estaba el escenario, más abundaban los ilustrísimos y los excelentísimos. En el otro extremo, en la trasera, el gallinero acogía más revuelta las temperaturas. Un bebé rompe el silencio que sigue a la entrada de la presidencia del acto: Juan Vivas, regidor de la Ciudad, y Pilar Rojo, presidenta del Parlamento gallego y paisana de Julio Camba y de su manzana neoyorquina.
En la manzana ceutí abundó todo género de trajes. Sólo faltó el de luces. Insolación. El uniforme blanco de los alevines, campeones de España, contrastó con el negro de los intérpretes para personas con discapacidad auditiva. Ese calor y frío fue quizá lo más espontáneo de la tarde: unos, por la edad y otros, por la improvisación de un trabajo en riguroso directo.
El resto de la ceremonia se prolongó en una sucesión de movimientos automáticos, como mandan los cánones de la solemnidad, el de la representación de las autoridades civiles, militares y religiosas. El traje era de gala por tácita imposición.
Las féminas, más libres y creativas en la etiqueta, apostaron por el verano, la verdad estacional. Fuera del auditorio, en cambio, era otoño, una especie de mentirijilla climática que añadió rigor al acto. La meta, al cabo, era que la manzana fuera automática. Como aquella Gran Manzana del gallego Camba.
Ausencia de Caballas a un acto “de pantomima”
Caballas remitió una nota en la que justificaba los motivos de su ausencia al acto institucional del Día de Ceuta. La coalición liderada por Mohamed Alí tachó de “pantomima” el acto de imposición de las medallas, expresando su “más absoluto rechazo” al modo en que se efectúa la ceremonia. La “ausencia de consenso entre los partidos en la definición de contenidos”, la “no involucración de la ciudadanía” o “la dotación de instrumentos propagandísticos de la mentira del Estatuto” fueron algunas de las causas esgrimidas por el partido localista para ausentarse.






