El acto celebrado con motivo del aniversario de la Constitución puso de manifiesto lo vivido en Ceuta el pasado mayo, lo que se ha terminado por reducir a una crisis migratoria que en el fondo no lo fue, pero el lenguaje políticamente correcto termina desviando la esencia de aquellos días a algo que, con el tiempo, se diluya en otros conceptos. En la noche de aquel 17 de mayo se escribió la crónica de un chantaje en toda regla que buscó presionar a España utilizando a Ceuta, pero sin medir las consecuencias que para Marruecos tuvo la reacción de toda Europa y el plante del Gobierno de la Nación en una clara defensa de lo que era intocable y lo seguirá siendo.
En este aniversario de la Constitución se aludió a la necesidad de que la representación del Estado sea más fuerte en Ceuta. Esto no debe ser una aspiración es una obligación para una equiparación sin mermas, para convertir en una realidad eso de que todos los españoles somos iguales, con los mismos derechos y obligaciones. Ceutíes y melillenses deben recibir una mayor implicación del Estado para que puedan creer esa máxima, para obtener las garantías en dos territorios con sus particularidades al ser frontera sur, frontera de Europa con obligaciones que van más allá del propio país.
En mayo, a Ceuta se la agredió como casi nunca, las consecuencias todavía se padecen. Y no solo las físicas, también las psicológicas de una parte de la población que sentía que no estaba segura y que no encontraba el final de una agresión por capítulos ejercida de la manera más cobarde por parte de Marruecos: utilizando a su propia gente, arrojando a sus propios menores mediante engaños hacia los espigones de Ceuta, sin atender a las más que probables muertes que esto iba a producir. Como así fue.
La conmemoración de la Constitución dejó claro el comportamiento que a niveles nacionales y europeos se debe tener con Ceuta, también con Melilla. Algo en lo que se debe exigir unidad de todas las fuerzas políticas porque está en juego el porvenir de todo un pueblo, algo de mayor interés que las infantiles discusiones que algunos se empeñan en mantener.






