Franci Valero y Erica Moreno contrajeron ayer matrimonio y se prometieron vida eterna. Nada de extraordinario habría en esta aseveración si no fuera porque la ceremonia nupcial tuvo lugar a unos 12 metros bajo el mar y a un cuarto de milla de la costa, mar adentro, a la altura de la playa Benítez.
Los cronistas consultados aseguraban que la de ayer fue la primera boda submarina celebrada en Ceuta. El mar se levantó ayer picado, advertían con la biodramina en la mano (y en el estómago). Mar de fondo. Y en el fondo, la fiesta del amor eterno con todos sus avíos: padrinos, velos blancos, trajes de gala, padrinos, un oficiante, el brindis con sidra y las alianzas, que fueron unas medallas de la Virgen del Carmen en esta ocasión (como se aprecia en las imágenes).
El ambiente era festivo y una treintena de allegados de Franci y Erica se trasladaron en ocho embarcaciones recreativas a la Bahía Norte, en el entorno del tubo de la desaladora. El ‘muerto’ de la boya sirvió de altar improvisado. Los invitados se arremolinaron sumergidos para la ocasión. Seguidamente se procedió como se acostumbra en todos los casamientos: se rogó silencio, también que se desconectaran los teléfonos móviles, se reclamó el beso desde el respetable y se prometieron amor perpetuo (todo escrito en carteles impermeables).
Y fueron felices y no comieron perdices sino una monumental paella y un prodigio en forma de callos. Pero eso ya fue en la superficie, en los aledaños del Centro de Buceo Ceuta Diving Center, empresa de los recién casados y donde, desde ayer, añaden a su variada nómina de servicios el sacramento de la boda, aparte del bautismo ya establecido. Todo sea por unir cielo, tierra y mar. Unión eterna, tal que ciertos amores.
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