El discurso del delegado del Gobierno, en sus comienzos, vino a ser un tratado de ciencia política y policial en torno a los distintos conceptos filosóficos sobre el concepto de seguridad ciudadana. Al final, llegó a la conclusión, según las nuevas versiones escolásticas de la seguridad ciudadana, que es una responsabilidad de todos. Y entendemos que por muchos tratados que, en definitiva, no dejan de ser pensamientos y por tanto con posibilidad de ser discutidos, ya que no estamos hablando de una fórmula matemática que no permite ninguna duda, la seguridad ciudadana es una responsabilidad de los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en primer término y, desde luego, de los políticos que son los responsables en última instancia de dirigir a esos estamentos. Intentar escurrir el bulto llevando también a los ciudadanos a ese estado de felicidad plena donde se deben sentir partícipes de esa seguridad es iniciar un camino que, cualquier día, finalizará en culpar a un señor por circular a las dos de la madrugada por un lugar ya que le han robado. Si no hubiera paseado por allí, no le hubieran robado.
La seguridad ciudadana es responsabilidad de los policías, en primer lugar, porque son quienes han elegido esa profesión. La seguridad ciudadana es responsabilidad de los policías, en segundo lugar, porque cobran por la realización de esa actividad. La seguridad ciudadana es responsabilidad de los policías, en tercer lugar, ya que ellos son los preparados para combatir a quienes delinquen.
Pero el problema no está en los policías, porque ellos saben a la perfección que son los responsables de la seguridad ciudadana, sino de los políticos que quieren mezclar a la ciudadanía en una labor que no es la suya para no ser ellos los responsables en última instancia.





