La llegada a Ceuta de cientos de menores marroquíes ha terminado por transformar el debate que se tiene en torno al futuro inmediato de estos niños en un mercado. Se habla de reparto, de ‘colocaciones’ y hasta nos traen al padre Ángel como si esto fuera una competición para ver quién se lleva a más. Si reducimos esta grave problemática -la mayor provocada por la crisis de mayo- a cupos o asignaciones no estaremos más que enrareciendo una situación por comenzar la casa por el tejado. Las prisas nunca han sido buenas consejeras, mucho menos en este asunto en el que se trata de trabajar por una integración de los niños que realmente quieren esforzarse mientras las reagrupaciones no se pueden llevar a cabo. Si dejamos que una política alocada se introduzca en la gestión de los MENA no solucionaremos el problema sino que lo incrementaremos, porque las consecuencias de las acciones atropelladas se han plasmado en errores de bulto. Aquí, en Ceuta, ya hemos tenido algunos. El padre Ángel debe saberlo.
No se trata de mercancía, de ‘colocar’, de repartir... porque estamos hablando de personas. Ya de por sí el trato político-mediático que se está dando al anuncio de traslados de MENA por las comunidades del país está siendo nefasto para que desde la propia ciudad estropeemos todo.
Ni se trata de ‘colocar’ menores ni tampoco se puede aguantar por más tiempo la situación en la que están cientos de niños desperdigados en distintos albergues. Las naves, un pabellón deportivo o la calle no son los lugares que deban servir para una acogida de urgencia, existiendo instalaciones vacías a las que no se da uso. Ya lo dijo Caballas en su día: ¿qué pasa con los cuarteles y los bienes de la Iglesia? Si de verdad esto fuera un asunto de Estado y preocupara al Gobierno central todo lo que dice que le preocupa, hoy tendríamos abiertos cuarteles en desuso. Si el obispo fuera tan entregado a la causa altruista, simplemente estando a la misma altura que demuestra en temas de interés material, ya habría dado orden de preparar espacios para acoger a los menores. Pero tampoco lo hace, prefiere escribir cartas de buen samaritano antes de intervenir con la determinación de quien nos insta a seguir la palabra de Dios. Hacer las cosas mal termina explotando. Veremos.







La semana pasada estuve en dos barrios conocidos de Sevilla...y te puedo asegurar que hay muchos menores españoles..de distintas culturas..que lo estan pasando muy mal....y no le dais tanta repercusion mediatica ...ya estamos hartos de tanto victimismo hacia el mismo entorno ....llevo leyendo este periodico mas de cuarenta años...y al final tendre que leer la prensa rosa.....estais intensificando sentimientos opuestos entre la sociedad y radicalizando posturas con tantas historias del pais vecino.
Se trata de devolverlos a su país, esto es la historia interminable, sobre todo cambiar la ley del menor, es inadmisible está situación, vasta de hipocresía
Que se los lleven sus padres y su rey y no perdamos el tiempo en seguir las ideas de Caballas.