Con decir que nada se puede hacer estamos obligados a conformarnos, hasta el punto de que la situación se ha convertido en insostenible. La gestión en fronteras es dantesca, la incompetencia manifiesta de la Delegación del Gobierno por evidente causa hartazgo. La lectura de todo lo que está sucediendo pasa por el término desastre. A la constante presión ejercida sobre el negocio del porteo, con miles de personas expuestas a la muerte, se añade el problema de las eternas colas, indomables, persistentes, que afectan a otros miles de ciudadanos: los que trabajan en zonas cercanas, los que viven en las barriadas próximas, los que regresan a Marruecos o los escolares de los centros próximos. Niños como los del CEIP Príncipe Felipe que se quedaron esta semana hasta en dos ocasiones atrapados en el autobús, sin poder moverse, nerviosos, agobiados, viviendo una situación extrema sin que nadie aportara una solución. ¿Se imaginan esto en otro colegio? Pero no pasa nada, es como si a nadie le importara. La gente sufre, padece situaciones de extrema gravedad, se expone a momentos de máxima tensión y la única respuesta de las autoridades es que nada se puede hacer.
Se habilitó un carril que no funciona porque termina ocupado, no cabe salida de emergencia, puedes permanecer tres, cuatro horas sin poder salir de las colas que no hay alternativa. Y ante todo esto las autoridades no saben más que mirarse unos a otros, molestarse por las críticas y decir que puede empeorar la situación. Y así soportamos semana tras semana, meses, sin que nadie solvente la problemática, una problemática que se deriva de la primera y a las que nadie sabe ponerle punto y final. O al menos algún remedio.
La inutilidad es manifiesta pero la única respuesta que nos dan es la de la soberbia. Porque sí, estamos dirigidos por un equipo de soberbios incapaz de asumir que son un auténtico desastre. Encerrados en la Plaza de los Reyes, protagonizando espectáculos como el (no) asesor de fronteras, atacando a los que critican, ocultándose ante la dejadez absoluta o plantando cara con mensajes tan barriobajeros que son indignos de una Delegación del Gobierno.
Y así seguimos, en una ciudad sumida en el caos fronterizo más indignante jamás conocido. Hay quienes no quieren ni ver, ni escuchar, solo callan y se tapan con las sábanas de la cama hasta que se les avise del momento en el que pueden asomar su cabeza. Patético.





