Al cine lo que es del cine y a la realidad, todo lo demás. Una pareja de ceutíes, Javier y Sandra, residentes en Campos (Mallorca), son también Toni y Carlota en la ficción. En ambos relatos, realidad y cine, uno y otra se quieren. En la vida real, los obstáculos son los de la cotidianeidad diaria. En la película, El amor de Carlota, se presenta un obstáculo más pedestre, más poderoso y metálico: el dinero.
Pero antes de contar la trama de la película, les presentamos a estos dos ceutíes que el destino los ha convertido en actores improvisados. De un lado, Francisco Javier Cejudo. “Iba por la calle y José Manuel García, el director de la película, me dijo que preparaba un casting y que lo llamara. Y me escogió de protagonista entre 800 candidatos”.
Sandra Oncina, su novia en la vida real, lo acompañ el mismo día del casting. “Tú seras la elegida”, señalaron desde la dirección. De este modo también se convirtieron en novio y novia en la ficción. “Yo, sin ser actriz, me ponía a temblar con sólo ver una cámara”, dice Sandra. “Y mírame ahora”.
Al mirarse en la película, Sandra se hace Carlota, la protagonista y objeto del deseo de unos y otros. “Pretendemos hacer una metáfora de la vida real”, declara José María García Sancho, ayudante de dirección y actor. “Carlota-Sandra es seducida por un señor que únicamente le ofrece dinero y riquezas materiales. Ella le da una lección. El dinero no puede comprarlo todo”.
O no debería. De ahí que sean actores no profesionales los actantes de esta modesta producción ambiciosa. La idea es promocionar otros lugares en España, otros paisajes mallorquines más allá de la Catedral o las frecuentadas playas. “Y no descartamos ir a Ceuta a realizar parte del rodaje”, revela el ayudante de dirección. “No solo existen Madrid y Barcelona en España. Estoy convencido de las tremendas virtudes de Campos o Ceuta”.
Y es en Ceuta, la ciudad que los vio nacer y crecer, donde Javier y Sandra han pasado las vacaciones pascuales. El rodaje de la película se vio así obligatoriamente interrumpido. “Retomamos la semana que viene”, informa Javier, a quien parece no pesarle las cinco o seis horas de trabajo que dura cada sesión.
A Sandra, que ya le perdió el miedo a las lentes de la cámara, tampoco le pesan las horas. No así algunos gajes del oficio. “El director nos envía el guión por correo, antes de cada rodaje. El problema surge cuando alguno de los compañeros olvidan el papel. De ese modo también me obligan a improvisar a mí”.
Ella, más aficionada a las historias de amor -afirma haberle entusiasmado últimamente Posdata: te quiero-. “Cuando más disfruto es durante los preparatorios. La hora de la peluquería, el maquillaje...” Javier, por su parte, tiene predilección por los filmes policiacos y de misterio. “Código Fuente es la última película que me gustó”, recuerda.
El amor de Carlota será la preferida de numerosos jóvenes que, al igual que sus protagonistas, nunca pensarán en convertirse en actor al verla. Quizá sea la fantasía inesperada, el sueño hecho carne.Un relato de ficción que se funde con la realidad.
Y para todos aquellos curiosos y aficionados al cine que deseen seguir el desarrollo del rodaje, que durará aún unos tres o cuatro meses, la producción cuenta con una web: www.elcamaronin.com. También las tomas falsas. Más ficción.






