Hay formaciones políticas que se han hecho dueñas de la bandera sin serlo, del sentimiento español menospreciando al resto, de la defensa del país cuando lo que nos sobran son precisamente eso, defensores. Aprovechan cualquier situación para sacar a pasear su españolismo sin ni siquiera preocuparse de conocer adecuadamente lo que ha pasado, porque lo que interesa es jalear al personal. Sin más.
A Vox le pasa esto. Si aparecen en el mismo escenario los inmigrantes, Marruecos y la valla, las neuronas se bloquean y empiezan a decir tonterías. Si aparecen encima los MENA, ya entran en cortocircuito y envían la tercera, cuarta o quinta nota de prensa del día (desprecian a los medios de comunicación pero los saturan a comunicados de calidad cuestionable en muchos casos) para hablar de la defensa de España, del socialcomunismo y del futuro de todos nosotros, sin que nadie les haya pedido que ejerzan de pitonisos de forma tan gratuita.
Este martes cerca de 200 subsaharianos intentaron cruzar la valla. La Guardia Civil y los agentes marroquíes se coordinaron para evitar el acceso en un espacio complicado porque estamos hablando de personas y de momentos de muchísima presión que pueden dar pie a consecuencias no deseadas; consecuencias de las que, desgraciadamente, ya hemos sido testigos en demasiadas ocasiones y que nunca deberían repetirse.
Ningún partido político entró a valorar lo sucedido. Ni tan siquiera la Guardia Civil o la propia Delegación del Gobierno deslizaron crítica alguna porque en esta ocasión, precisamente, no hubo nada que criticar. Pero hay quienes, como Vox, antes de preguntar se lanzan a emitir un comunicado tendencioso porque, sencillamente, les interesa que la realidad sea como ellos la dibujan. Y hasta, reconvertidos en analistas de postín, saben buscar los orígenes del acercamiento a la valla y nos hablan de chantaje, de presión marroquí o de maniobra orquestada. No preguntan qué pasó porque no interesa preguntar -saben perfectamente cómo hacerlo igual que supieron dónde acudir y de qué hablar para captar a sus votantes-. No preguntan qué pasó para así poder mantener el mensaje del chantaje marroquí, contemplando un fenómeno como el de la inmigración desde el prisma más reduccionista que a uno le puede interesar porque no hay otro fin en esa denuncia que pasear la bandera y seguir tocando la tecla fácil de asuntos complicados. Y si lo hacen torciendo la realidad no importa, no se les vaya a fastidiar el discurso.






