Se llama Amine. Es marroquí y vive en Rubí, Barcelona. Ahora ha montado una asociación para ayudar a los demás y avanzar en lo que es la clave de la convivencia: la integración. A esa asociación la ha llamado ‘La Esperanza’, como el centro en donde a él le dieron una oportunidad. Porque Amine fue un MENA. Lo dice con orgullo, sin evitar el término y especificando que lo es. MENA. Menor Extranjero No Acompañado que cruzó a Ceuta y terminó viviendo en la casa de San Antonio, en el Hacho. Estuvo cinco años aprendiendo de los demás compañeros y educadores, viviendo tiempos duros pero sobre todo formándose. Después llegaría el momento de cruzar a la Península y empezar una vida pero sin olvidar lo que fue ni el cariño que recibió. La historia de Amine es una más de las cientos que han salido de buenas personas que fueron atendidas en ‘La Esperanza’. Y es que, aunque a los racistas de turno les fastidie, hay muchísimos MENA que prosperan en la vida, que salen adelante y que terminan siendo un ejemplo en la sociedad, por mucho que haya quienes se empeñen en decir todo lo contrario y en vincularlos siempre con lo malo, con lo negativo, hasta atribuirles lo que ni siquiera hacen. No terminaremos nunca con esa corriente de opinión, igual que a un borrego no le puedes desviar del camino aunque esté equivocado. Lo mismo.
Amine habla con orgullo de lo que fue su vida y por eso ha montado una asociación en su tierra adoptiva que se llama ‘La Esperanza’ y que trabaja en atender a los demás, con talleres, con clases, repartiendo comida en pandemia o, ahora, preparando un comedor para desfavorecidos en Ramadán. Como dice, él, que fue un MENA, ha podido salir adelante, sacar esta asociación, ser presidente de la misma y ayudar a los demás. Lo hizo él y lo pueden hacer muchos otros. Solo hace falta valentía, constancia y trabajo duro mirando siempre adelante aunque por el camino haya quienes con sus ladridos no persigan más que desviar a los demás de lo correcto.
Como Amine hay más. Y como ahora a Amine, a otros como él hay que darles voz no solo porque son un ejemplo, sino porque ayudan a que el resto sepa que en medio del bosque no todo es una nebulosa imposible de superar. Solo hay que fijarse en el camino y, sobre todo, evitar las imposiciones y las mentiras que a base de repetirlas hay quien quiere venderlas de verdad.






