Cuando el 1 de enero de 2002 entró el euro, parecía que el Banco de España iba a perder todo su poder. Pero, ¿sabía usted que si hoy día quiere cambiar pesetas en Euros, sólo puede hacerlo en una sucursal del Banco de España? Aunque haya perdido todo su poder en cuanto a política monetaria, fijada ahora por el Banco Central Europeo, disponer de una sucursal del Banco de España ha sido siempre una cuestión de prestigio.
Un privilegio por el que Ceuta luchó durante décadas para tener una sucursal del Banco de España, pero no lo logró hasta 1956, cuando el fin del protectorado marroquí hizo que fuera necesaria una sucursal, para sustituir a la que había existido en Tetuán, y el Banco de España decide abrir una en esta ciudad. El proyecto se encarga al arquitecto madrileño Juan de Zabala y Lafora, que se firma en el año 1957. Durante estos tres años, la sucursal abre sus oficinas en el edificio Trujillo, de donde emigra hasta la situación actual, en la plaza de Correos. Sucede en el año 1960, cuando termina la construcción de este edificio que próximamente quedará sin uso, en caso de que el plan del Banco de España se ejecute. Sería el fin de la presencia del Banco de España tras 50 años, y después de que hace sólo tres, en 2007, el arquitecto ceutí Juan Antón Pacheco lo remodelara.
Lo cierto es que la relación entre Ceuta y esta institución es de amor-odio, y que lograr una sucursal costó mucho sudor y esfuerzo por parte, sobre todo, del empresariado que se dedicaba al comercio con el vecino país, para lo cuál es de extrema importancia disponer de una fuente autorizada a cambiar divisas y a proporcionar las reservas a los bancos.
Una historia que comienza en 1782, con la creación del banco de San Carlos, que se fusiona en 1829 con el banco de San Fernando. “En aquel entonces, podemos encontrar algún particular que hace una transacción. Pero no podemos decir que hubiera un agente del Banco de España en Ceuta de manera permanente, sino algún intercambio en ocasiones específicas”, explica José Luis Gómez Barceló, historiador y cronista oficial de la Ciudad. “La ciudad, sin embargo, no tenía la vida necesaria para contar con una sucursal del Banco. En esos años, la banca estaba en manos privadas, con intereses abusivos, que se ensañaban con los más menesterosos”.
El banco de pescadores
La primera solución de carácter social a este problema vino por el obispo Juan José Sánchez Barragán, según cuenta Gómez Barceló, que “dejó todos sus bienes para que se fundara un Banco de Pescadores, en 1846”. Precisamente, el gremio de trabajadores que más penurias sufría, al no haber en Ceuta un sector fuerte de agricultura ni de ganadería. Un banco de pescadores que no se pondría en marcha hasta el año 1905.
Según explica Gómez Barceló, el movimiento africanista de finales del siglo XIX solicitará constantemente la instalación de una sucursal del Banco de España en Ceuta y en Melilla. Entre ellas, las más constantes fueron sin duda los Centros Comerciales Hispano-Marroquíes.
Años después, en 191,3 se daba por segura la instalación del Banco de España en ambas poblaciones norteafricanas, pero la instauración del Protectorado español en Marruecos dio un giro a la pretensión, que dará lugar a dos oficinas en la región: en la zona oriental en Melilla y en la occidental en Tetuán. Motivado, entre otras cosas, porque esta ciudad hoy marroquí era la capital del protectorado.
La banca privada continuará siendo por tanto muy importante en Ceuta, y el Banco de España tendrá un acuerdo con una de ellas, la Banca de Manuel Delgado Villalba, luego integrada en el Banco Español de Crédito. Este sería el primer banco de carácter nacional, fundado en Ceuta, al que luego seguiría el Banco Hispano-Americano y el Banco Popular de los Previsores del Porvenir.






