La AD Ceuta se aclaró por fin ayer al comunicar que sí se habían producido insultos racistas en el encuentro disputado ante el Xerez CD. Cánticos dirigidos contra uno de sus jugadores, mensajes despreciativos que no pueden tener más que una condena unánime pero que siguen repitiéndose. Ese es el problema. Que no es algo casual, ni fruto de un alocado aislado. El fútbol se convierte en el escenario elegido por aquellos descerebrados que desahogan su furia a base de insultos, en este caso racistas; insultos que anidan en los pensamientos arcaicos y despreciativos de algunos que creen firmemente en lo que sueltan por esa boquita. Y ese es el problema. Que consten o no en acta -en este caso se ha hecho- servirá para la sanción posterior, pero es algo anecdótico cuando buscamos cerciorarnos del tipo de personajes que pululan en encuentros deportivos y que gritan, expresan e insultan lo que piensan.
Tenemos un grave problema social enquistado desde hace muchísimo tiempo que degenera en un problema de violencia verbal y física. El fútbol es uno de los escenarios en donde se pone de relieve y no solo en los encuentros profesionales, desde la más tierna infancia asistimos a espectáculos deplorables de padres y clubes de ‘amigos del niño’ que se suman al carro de los gritos, insultos y pérdida general de papeles. Esa herencia se traslada y engrandece de generación en generación derivando por los mismos caminos seguidos por una parte de la sociedad que impone, que se erige en seres autoritarios y violentos, que marca las diferencias a base de menosprecios hallando el calor suficiente para seguir con vida y respaldado.







"Habiendo creado la consciencia, Dios no acabo su tarea porque la mayor parte de los hombres solo poseen una debil dosis de consciencia, tan debil que no vale la pena hablar" (Freud, "Nuevas conferencias")
Gestos, gritos, insultos que uno no se permite de proferir en la vida cotidiana, la multitud borreguil permite la expresion de los bajos instintos. Los individuos se despersonalizan creyendose formar parte de un "Yo" colosal y todopoderoso.