La aparición de pintadas en distintos puntos de la ciudad ha sido interpretada por algunos como ‘la expresión de la calle’. No es verdad. El sentimiento de asco que muchos hemos tenido al ver el contenido de los mensajes racistas que han salido a la luz no se plasma de forma inmediata en disponer de un espray para pintar el primer insulto que a uno se le viene a la cabeza. No. Quienes insistentemente están detrás de estas pintadas anónimas han elegido la vía errónea; la misma seguida por quienes promueven mensajes anónimos por teléfono móvil convocando a liderar concentraciones que no están teniendo eco entre la población, afortunadamente. Seguir ese camino es ponerse a la altura de los mismos que han escrito, difundido y se han mofado de las auténticas barbaridades recogidas en esa cadena de whatsapp en los que no se plasmaba más que el pensamiento de unos descerebrados.
Las pintadas seguirán porque hay quienes no saben elegir otra vía de protesta. Las hay y muchas. El jueves tarde se organizó una concentración pacífica, se han emitido comunicados de entidades y personas de peso, se han publicado comentarios en redes sociales y cartas al director. La amplia mayoría de la sociedad ha respondido con una madurez que dice mucho de la normalidad con la que convivimos, sin caer en provocaciones y condenando las burradas que solo unas personas despreciables puedan pensar y plasmar. Lo que no debemos es responder a la altura de quienes solo se regodean en insultos, hasta competir por quién es el que grita más o incurre en una actitud más llamativa.
Habrá quienes insistan en el único camino que quieren explotar, quienes no vean más que este tipo de respuestas para callar a los radicales. No es la forma ni la manera más adecuada de dar ejemplo. No olvidemos nunca que los descerebrados deben estar cada vez más arrinconados y contra eso solo podemos ser y comportarnos de una forma distinta a ellos hasta apartarlos.






