Incompetencia, desidia o permisividad. Esos son algunos de los calificativos que se les ocurren a los usuarios del puerto deportivo, hartos como están de los robos continuados que sufren o del mal estado en que se encuentran las infraestructuras. Incompetencia, la de las autoridades que no atienden la ristra de quejas ya presentadas ante Mahersa o directamente ante el juzgado correspondiente. Desidia, por la falta de actuación en un puerto deportivo vendido y publicitado como la panacea del turismo náutico y en el que los robos están a la orden del día. Y permisividad porque sabiendo de todas estas circunstancias no se actúa.
Los usuarios no se quejan porque sí. Ponen encima de la mesa cifras. Las de los robos sufridos, por ejemplo, en el último mes. Cuatro denunciados y no se sabe cuántos que no han salido a la luz al ser de menor cuantía. Entre ellos el sufrido por un usuario del puerto al que le sustrajeron toda la electrónica del barco, valorada en 6.000 euros. ¿Lo más esperpéntico?: que su barco está situado a dos metros de una cámara de seguridad y que el robo se produjo a las diez de la noche. El ladrón tuvo tiempo de romper las dos cerraduras y el candado de su barco, de entrar, de rebuscar y de llevarse el botín sin toparse con medida de seguridad alguna.
En la factura que abonan los usuarios del puerto deportivo a Mahersa se incluye los servicios de luz, agua y vigilancia. Aunque esta última es inexistente, tal y como denuncian los afectados. Este robo en concreto está denunciado en el juzgado, al igual que otros, como el sufrido por otro usuario al que sustrajeron, también de su barco, elementos de pesca valorados en 4.000 euros. Además de robar en los barcos también se los han llevado. Los afectados recuerdan, de memoria, la sustracción reciente de dos pequeñas gomas y de varias motos de agua. “Antes, cuando el CAS gestionaba el puerto se hacían responsables de los robos, ahora nada”, explican indignados los usuarios, que mantienen un Contencioso con Mahersa debido a la dejadez en la que, a su juicio, se encuentra un puerto que debiera servir de atractivo turístico, “pero es que aquí les interesa más el párking. Esto parece un párking deportivo más que un puerto deportivo”, señalan.
La inseguridad juega este partido con ventaja, ya que la obsesión por dar cabida a cada vez mayor número de barcos posibilita que los cacos puedan incluso saltar de uno a otro sin problema alguno. “Hay más barcos de los que realmente caben y al final terminan unos pegados a otros con lo cual el que entra en uno puede ir saltando a otro”, advierten. A esto se añade la cercanía al muelle, la ausencia de una valla protectora en condiciones y el arreglo de la que está rota desde hace meses. Esto ejemplifica, a juicio de los usuarios, la desidia que marca la gestión actual del puerto. “No hay reformas en los pantanales, ni arreglo de lo que está roto, los barcos permanecen pegados y cuando roban, resulta que las cámaras no han grabado al autor”, señalan. Un dato más que sostiene su acusación contra Mahersa a la que acusan de preocuparse más por la explotación del párking (controlándolo, éste sí, con cámaras) que por garantizar la seguridad. Una seguridad que pagan pero que no reciben.









