El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha recibido al titular de la cartera de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita, en la Moncloa. Las imágenes de agencias difunden el apretón de manos de ambos y el rostro de agradecimiento porque, asegura Sánchez, “la cooperación ha reducido la inmigración ilegal”. Nos dan hasta cifras: un 47% menos. No cuentan la realidad de esa reducción, no cuentan las imágenes que las valientes oenegés que aún pelean en el vecino país están difundiendo de campamentos quemados, rostros apaleados, niños arrebatados a sus madres, expulsiones sumarias y todo tipo de tropelías. El amigo Sánchez no hablará de eso nunca, tan solo se vanagloria de que esa buena cooperación le quite problemas.
Pero no todo vale. O no todo debería valer. Porque financiar este tipo de actitudes no debería estar permitido, pero la buena Europa que no se avergüenza de sus poses ante la cámara opta por mirar a otro lado y ordenar a sus países súbditos que se pasen los derechos humanos por las zonas bajas, paguen y garanticen que nuestras fronteras/trincheras permanezcan intocables.
Y así todo vale. Sánchez se hincha ante el colega marroquí y vende que la inmigración cada vez es menor y que la cooperación es plena y exitosa. Nadie habla del último naufragio de Melilla, tampoco de los muertos y desaparecidos, mucho menos de los bloqueos en el mar, de la gente que sale pero no llega o de las campañas indecentes contra seres humanos que terminan siendo destrozados.
Si se firman declaraciones, si nos llamamos demócratas, si celebramos jornadas en honor a los derechos humanos y demás historias que sobre el papel quedan fabulosos, debemos de igual manera sellar acuerdos y forzar relaciones que no permitan que lo inmoral e indecente se eleve a política de Estado.
Pero en los despachos solo valen las cifras, no ven imágenes, ni aceptan como válidas las denuncias de las personas que de forma individual o colectiva están peleando a pie de campo para documentar lo que sucede al otro lado de las vallas pero no se denuncia, ni se juzga ni se analiza como se debiera hacer.
Sánchez está orgulloso, habrá que preguntar si también sus socios lo van a estar permitiendo que este tipo de situaciones se sigan produciendo.







Intereses de Estado, cuáles quieran que sean y están por encima de todo.