Jamás. Ya nunca más volverán a estar entre nosotros. Y por muchas lágrimas que derramemos, por muchos recuerdos que traigamos al presente, ellos, los que nos dejaron un día, jamás volverán. Uno puede aferrarse a la religión pensando en que llegará ese momento en que vuelva a verlos. Pero los mazazos de cada día hacen tambalear hasta a los espíritus más creyentes. Días como el de ayer hacen, aunque uno no lo quiera, recordar a los que fueron arrebatados de nuestros corazones. Esas personas especiales que lo dieron todo por nosotros, a los que quisimos pero a los que también hicimos sufrir. Esas personas a las que besaste cuando ya no tenían vida y que te quemaron los labios con un mortal frío que nunca más ha desaparecido. Esas personas cuyas sonrisas afloran en cualquier momento, esas personas que te hacen llorar solo con verlos en una fotografía. Esas personas que se fueron, personas buenas que vivieron demasiado poco y cuya marcha atormenta a los que seguimos deambulando en este caótico mundo lleno de maldad.
Entender el sentido de la vida es complicado. Como lo intentes puedes quedar atrapado en una hilera de miedos y dudas de la que es mejor salir. Entender por qué gente buena, necesaria en una familia, necesaria en tu vida, se va demasiado pronto y de forma cruel es perderte en un laberinto del que nadie te va a sacar. Se fueron, nos los arrebataron, nos quitaron su cariño, nos robaron esos años de ternura, de paciencia, de amor. Esa pureza que solo te puede dar un padre bueno.
Cuando la vida te azota con la peor de las desgracias, el resto de años que te quedan en ese calendario vital cuyo final nadie conoce no son más que una suma de anécdotas, de momentos felices o no, de recuerdos, de tormentos por no haber dado más cuando quizá se pudo, de espacios muertos....
Sabemos que esto tiene un final, sabemos que desde el momento que nacemos empieza la cuenta atrás. Incluso siendo conscientes de todo esto, seguimos empeñados en no aprovechar los momentos, en no ser claros en la vida, en no ser consecuentes con unos valores, en machacar al contrario, en generar odio, en vendernos a la riqueza y a lo material como si fuéramos a llenar el cementerio con esas pertenencias. Cuando la vida te azota te hace ver las cosas de otra manera. Al menos a algunos nos pasa. Y no hay nada ni nadie que pueda cambiarlo.







Buenas dias tristes....