El pasado domingo tocó recordar lo que pasó aquel 29 de septiembre. Las reacciones de una parte reducida de los lectores pasaron por atacar a la que suscribe, creyendo que cualquier recuerdo a una situación nefasta es algo así como ser radical. No entiendo el odio que guardan algunos individuos con todo lo que tenga que ver con la inmigración, roza lo enfermizo pero desgraciadamente es una forma de vida que se extiende entre determinados círculos.
Hay que recordar el pasado porque es la única manera de evitar los errores del presente. Y hay que recordar que después de 14 años ni Marruecos ni España movieron un dedo para averiguar cómo pudieron morir personas por disparos por la espalda y cómo nunca los autores de estos asesinatos penaron en una cárcel por sus crímenes. Aquella fue una de las grandes tragedias que tocó vivir en esa valla. No la única, pero sí una de las más impactantes porque a los muertos desangrados en los alambres se unieron jóvenes que huían y cuya carrera fue cortada porque alguien que les disparó.
Aquello fue un desastre se mire por donde se mire. Fue lo que sucedió esa madrugada, pero también lo que pasó después ante la mirada sucia de Europa, que nada hizo ante las imágenes de detenciones masivas -incluidas las de los testigos de esos crímenes- y expulsiones en el desierto. Murieron más personas, mujeres y niños. Murieron abandonados tras ser cargados en caravanas de la muerte. Y Europa no hizo nada, porque Europa investiga lo que quiere y ante lo que se le va de las manos calla, miedosa, atormentada por no saber qué hacer en un mundo en el que las fronteras no funcionan.
Los artífices de esos crímenes, los que dispararon y los que provocaron con sus batidas inhumanas que todo un campamento se levantara hacia la valla, siguieron con sus vidas porque tan solo habían muerto personas que a nadie importaban.
Eso no lo podemos olvidar, porque si pasamos página somos cómplices de una parte de la historia que ocurrió allí, en la línea que ha sido testigo de demasiadas atrocidades. El recuerdo sigue, incongruentemente, generando odio. No lo entiendo, hay quienes 14 años después insisten en que los culpables son las propias víctimas y atacan a quienes se empecinan en que esas imágenes no se olviden.
Esas muertes fueron una vergüenza, como lo fue también que nunca se diera con los culpables. Cada 29S alguien insistirá en recordarlo, y alguien también se revolverá en una conciencia movida por el odio y en un corazón negro.







Pues que se prepare la audiencia si el Obispo al que se le ha concedido el Premio Convivencia este años decide repetir en Ceuta lo que en su día salió publicado en uno de los periódicos de Córdoba hace unos meses.