En el auxilio de Melilla, los Regulares ganaron su primera medalla militar colectiva por su heroica actuación. Surgía entonces el problema de cómo exhibirla, puesto que las tropas indígenas no podían tener bandera. Fue así como, poco después, el rey Alfonso XIII les concedió la posibilidad de tener bandera.
Era el inicio de una meteórica ascensión, de la primera de las 71 condecoraciones militares colectivas del cuerpo, que se añadían una a una a la bandera. Tanto fue así, que cuenta la historia cómo en una ocasión el asta de bambú se rompió y fue necesario reforzarla. En total, los dos grupos de Regulares (Melilla 52 y Ceuta 54) suman 346 condecoraciones, de las cuales 19 son laureadas colectivas, la máxima distinción que se concede en las Fuerzas Armadas.
El combate más condecorado
De entre todas las acciones en las que el cuerpo ha participado, destaca sin duda los combates del Biutz, que supusieron además la primera condecoración de tipo colectivo.
En junio de 1916, las tropas regulares participaron en una operación sobre la cábila de Anyera, única de la región de Yebala que no había podido ser sometida. Los bereberes acosaban sin descanso a los españoles, con un goteo de bajas continuo. En un terreno montañoso, en una operación en la que participaron todos los efectivos militares de Ceuta y Larache, los Regulares se situaron en vanguardia. En estas acciones, recibieron la laureada de San Fernando, la máxima condecoración que se puede conseguir en el Ejército español, tres militares: el teniente Pacheco Barona, el cabo Fernández Cendejas, y el médico de segunda Bertoloty Ramírez. Esta misión no consiguió el objetivo definitivo, pero pacificó la zona hasta el año 1919.
La Medalla de Oro de la Ciudad de Ceuta no es, además, la única distinción de este tipo que tienen los Regulares. Toledo les otorgó la suya en 1937, y Melilla anunció en agosto que hará lo propio con el grupo que permanece en esa ciudad.
Además, el grupo de Regulares de Ceuta es el más condecorado de los dos existentes. Entre otros motivos, porque recoge la tradición de los grupos que existían en Tetuán y Larache, dos de los que tuvieron una actuación más intensiva en el siglo XX. Algunos de los regulares laureados descansan en el cementerio de Ceuta.
La primera condecoración: El primer militar de Regulares que consiguió una condecoración individual fue el teniente de caballería Jaime Samaniego y Martínez Fortún, por su actuación en las inmediaciones del poblado Haddú Al-Lal u Kaddur el 15 de mayo de 1912, apenas un año después de la fundación de la unidad. Recibió a título póstumo la laureada de San Fernando, la máxima condecoración del Ejército, por “su valor al cargar al frente de su sección contra la caballería enemiga”.
El regular más condecorado: El teniente Varela (1891-1951), tiene una sala dedicada en el Museo Específico de Regulares. Es una de las únicas tres personas que han recibido dos veces la laureada de San Fernando, y ambas las ganó siendo Regular. La primera fue por los combates el 23 de febrero de 1919 para la ocupación de Bexber, cuya actuación fue calificada de heroica. La segunda, en 1921, cuando su astucia táctica ayudó enormemente a la ocupación de Abdana.
89.042: Este es el número de bajas que se registran en el cuerpo de Regulares en total. Tan elevada cifra de soldados caídos responde al papel de fuerzas de choque en vanguardia que tradicionalmente han tenido estas tropas, y a su papel activo en las dos guerras en las que España ha tomado parte con mayor intensidad en el siglo XX; la de Marruecos y la propia Guerra Civil.
84: Es, por ahora, la ventaja que Regulares saca a la Legión, el segundo cuerpo del Ejército con más condecoraciones, si bien es cierto que se creó algunos años más tarde. Por otra parte, la Legión ha tomado parte en más misiones internacionales. La mayor ventaja de Regulares es en medallas militares colectivas, 44 más.








