El acusado, una persona de avanzada edad, conducía un coche que no era de su propiedad y aseguró que vino a la ciudad para conocer al marido de su hija.
El magistrado del juzgado de lo penal número dos dejó ayer visto para sentencia el juicio celebrado contra un hombre acusado de cometer un delito contra la salud pública recogido en los artículos 368 y 369, apartados sexto y décimo, del Código Penal. La pena que el Ministerio Fiscal solicitaba para esta persona era de cuatro años y un día de privación de libertad y una elevada multa que tendría 90 días de responsabilidad personal subsidiaria, es decir, que en caso de no poder pagar la cantidad económica que se le exija deberá pasar tres meses más en prisión. Por su parte, la defensa pidió la libre absolución de su representado.
Los hechos por los que el hombre fue detenido tuvieron lugar durante la primera semana del pasado mes en la estación marítima de Ceuta. Los agentes de la Guardia Civil allí destinados detuvieron al acusado cuando se disponía a embarcar en un ferry con destino Algeciras a los mandos de un vehículo en el que se encontraron unos 65 kilogramos de hachís ocultos. El acusado negó en todo momento tener conocimiento de la existencia de la droga, que iba escondida en dos maletas situadas en el maletero del coche. Aseguró que él había venido a la ciudad para hablar con su hija y conocer a su yerno, ya que le habían dicho que ella se había casado aquí. Según relató el acusado, conoció a su yerno en un hotel y éste le dijo que al día siguiente vería a su hija. Con esta excusa le pidió el vehículo para limpiarlo, a lo que el acusado accedió. Al día siguiente, acudió al sitio en el que habían quedado, pero su hija no asistió, por lo que decidió volverse. Al parecer el hombre había venido desde Barcelona en el coche de un amigo porque el suyo estaba en el taller para ser arreglado. El acusado explicó que el vehículo que fue intervenido por la Benemérita pertenecía precisamente a la persona que le había dicho que su hija se había casado, que fue lo que supuestamente motivó su visita.
El Ministerio Fiscal dudó de esta versión y dijo que había sido inverosímil y poco creíble, apuntando algunas contradicciones y asegurando que él tuvo en todo momento la posesión del coche en el que se encontró el hachís. Por su parte, la defensa argumentó su petición de libertad alegando que no se habían practicado pruebas consistentes contra su cliente.
Un pase de droga poco preparado
Durante la vista oral también compareció uno de los agentes de la Guardia Civil que participó en el control portuario en el que se encontró la droga. Dijo que por las carácterísticas del coche y del propio conductor era candidato a una inspección en profundidad. Además, como muestra de que en el coche se ocultaba algún tipo de sustancia estupefaciente, el perro detector marcó la existencia de droga. Una droga que posteriormente se descubriría que iba oculta en dos maletas situadas en el maletero. Lo sorprendente de esta caso es que el material iba apenas sin embalar ni proteger. El hachís estaba distrubuido en bellotas y separado en paquetes de un kilogramo, lo que demuestra que la droga no iba demasiado bien oculta y el pase no estaba muy preparado.






