En pleno debate sobre la entrega de competencias de los MENA al Estado, en plena crítica a la situación de presión que se produce, en este momento en el que la reclamación para que se aplique el acuerdo de readmisión con Marruecos está en auge, cabe también dejar un espacio de reflexión, que resulta obligado, a la forma en que se va a llevar a cabo todo esto.
En este debate se han optado por radicalismos, por el todo o el nada, sin dejar espacio a lo que denominamos ‘humanidad’. Nadie repara en cómo se garantizaría la devolución de menores que son abandonados por núcleos familiares que carecen de cualquier expectativa para ellos. Para la amplia mayoría de familias marroquíes, conseguir que sus hijos estén criados en un centro de Ceuta es un logro imposible de alcanzar en el núcleo propio. Es como poner una pica en Flandes.
Detrás hay auténticos dramas que muestran su cara más cruda en situaciones como la que hoy contamos: la de dos hermanos marroquíes abandonados en pleno centro de la ciudad, que padecen una enfermedad degenerativa que ha llevado a uno de ellos a quedar postrado en una silla de ruedas. Es evidente que algún familiar consiguió dejarlos en Ceuta y que lo hizo porque resulta imposible hallar una salida digna y vital para ellos en su propia tierra. Como ellos ha habido otros muchos casos, conocidos o no, de menores que han sido introducidos por la frontera porque ese pase era una forma única de salvación.
En el debate en torno a los MENA se habla, en demasiadas ocasiones, sin corazón, sin esa humanidad que parece haberse perdido para siempre en todo lo relacionado con inmigración. Ni todo es lo que nos cuentan, ni tampoco hay que dulcificar una situación compleja que tiene consecuencias directas en una ciudad tan pequeña como Ceuta.
Hay de todo, las aristas son variadas y el resultado no es, ni por asomo, el que quiere presentarse en ese debate político en el que pesan intereses más allá que solucionar un asunto de inmigración infantil que hemos terminado por cosificar para traducirlo en números, en dinero y en motivo de crítica política.
Tenemos al lado un mundo pobre, unas fronteras que diferencian modos de vida radicalmente distintos, que dibujan unas situaciones enfrentadas porque en la historia alguien hizo que así fueran. Quizá si se cambia el prisma, el enfoque, podremos llegar a soluciones eficaces que en nada nos avergüencen.






