Ha sido una auténtica bofetada. El Gobierno central responde que la clínica de radioterapia no puede implantarse en Ceuta porque “se precisan medios técnicos y humanos muy especializados”. Esta historia ya nos la contaron en su día. Lo hizo el Gobierno con otro color, el del PP. Y lo repitió la cúpula de Ingesa.
Nos decían que Ceuta no podía tener una clínica de radioterapia por causas puramente técnicas, algo que ahora, ‘los nuevos’ se encargan de repetirnos.
Ya he perdido la cuenta de la de años que llevamos arrastrando esta historia. Hay más de 6.000 firmas de ciudadanos que reclaman la puesta en marcha de ese centro, hay un acuerdo plenario que se ha convertido en papel higiénico, como tantos otros, hay un compromiso del PSOE y del PP de poner en marcha un centro que evite las calamidades que sufren todos los enfermos de cáncer que tienen que recibir este tratamiento, a los que se les obliga a una segunda travesía del dolor por cuestiones puramente técnicas. Noticias de este tipo son las que vienen a confirmarnos que sí, que nos toman el pelo. Podemos jugar a creer lo contrario.
Podemos pensar que las administraciones están realmente para ayudar y no para entorpecer, pero la pura realidad es que parece que están jugando con nosotros, con toda una sociedad marcada por la injusticia de verse sometida a una falta de recursos solo por nacer y residir a este lado del Estrecho. Asombra la facilidad con la que juegan con los ciudadanos, pero de igual manera asombra el silencio cobarde de quienes debían haber comparecido, haber dado una explicación.
No mover un dedo por acabar con esa segunda travesía del dolor es algo vergonzoso
El PSOE lleva meses jugando a detective de barrio, buscando esa loseta rota o el coche chatarra de turno para equipararse al juego de fotos que durante tantos años le ha servido al PP. Ahora en cambio es incapaz de darnos una explicación a una negativa de su Gobierno, ni siquiera es capaz de convencernos de cómo en Ceuta levantan la mano en pleno para votar puntos que luego su propio partido a nivel nacional revienta.
Los populares, que se vieron arrinconados por una presión ciudadana sin igual, se vieron forzados a cambiar de criterio pero sabiendo que el proyecto no saldría adelante. Jugamos con todo un pueblo al que engañamos con falsas promesas, sin tener en cuenta siquiera asuntos de tanto peso como el de la salud, sin pasar siquiera vergüenza por la situación que se ven obligados a atravesar aquellos a los que prometieron ayuda. Otro engaño, otro desprecio más... y van demasiados.






