Llega el verano, asoman las despreciables dudas para las familias que habían ‘colocado’, que no adoptado, una mascota en su hogar. ¿Ahora qué? El juguete empieza a suponer un estorbo. Fastidia el viaje en avión, estropea los días en el hotel, ¡pagar para que alguien lo cuide!... no, resulta más fácil su abandono. Así que llega el temido verano para muchas mascotas que terminan con sus huesos en los montes. Aquí, en Ceuta, la situación es sangrante para muchos animales que terminan asalvajados en el Hacho. Pero las ordenanzas, que están muy bien para recaudar dinero fácil, resulta que no funcionan cuando se trata de perseguir este tipo de actuaciones y penalizarlas como se debe. Hace falta mayor conciencia animalista. O mejor dicho, hace falta simplemente más respeto y corazón. Cuando se asimile que la mascota es uno más de la familia y no un apéndice que estorba los planes del resto de miembros, habremos avanzado en el camino.
Cuando un 20 de diciembre decidí adoptar un perro de la Protectora no sabía que en el fondo yo iba a ser la beneficiada de todo aquello. Duke me eligió desde el primer momento en que se abrió la puerta del centro de Postigo. Duke no fue el que tuvo la suerte de salir de allí. Al contrario. Mi familia fue y es la afortunada de tenerlo, de poder entender la entrega que te da quien ha sido abandonado, la conexión que es capaz de hacer con cada miembro de la casa. Duke nos adoptó.
Si usted ha tenido la misma experiencia me entenderá. Otros pensarán que estamos locos. ¿Saben qué les digo? Que ellos se lo pierden. Somos muchos los que hemos podido integrar a nuestras mascotas en una unidad familiar que ya no sería la misma sin ellos, ocupando un espacio que muchos se cargan de un plumazo incurriendo en abandonos que no dejan de ser otro tipo de maltrato, no perseguido ni castigado como se debiera.
Los gobernantes se encargan de suavizar unas prácticas porque tampoco han sido capaces de incluir medidas de lucha adecuadas. ¿Qué puedo pensar de una Ciudad que ha preferido ‘hacer desaparecer’ los gatos callejeros a apostar históricamente por prácticas que ahora, con el esfuerzo de muchos animalistas, empiezan a instaurarse para cuidarlos como se debe y sin riesgos?, ¿qué se puede pensar de aquellos que optan por los sacrificios de animales recuperados del monte en vez de facilitar otro tipo de medidas porque consideran que ya están asalvajados y no tienen integración posible? Hace falta mucho, hace falta más corazón.





