Días atrás me decía un buen amigo que él no apoyaba a Podemos por varias razones. La primera, y menos importante, porque a este grupo se habían arrimado muchas personas resentidas, bien con el Partido Socialista, bien con el Partido Popular, que en su día no habían podido obtener los puestos y/o prebendas que buscaban.
La segunda, que era la realmente sustancial, porque entendía que lo que buscaban los dirigentes de Podemos era el Poder sin más. Es decir, una especie de asalto al Poder al estilo bolchevique, para practicar lo que para algunos se denomina como “leninismo amable”. Yo tengo mi propia versión.
Recuerdo, y ya lo he contado en alguna ocasión, la pregunta que los periodistas le hicieron en 1982, a la que en tiempos de la República española fue la primera mujer ministra elegida democráticamente a nivel europeo. Se trataba de Federica Montseny, una histórica dirigente del anarquismo español y catalán que renunció a uno de los principios más importantes de esta ideología como es el rechazo a todo tipo de Poder por encima de las personas, en aras de facilitar la estabilidad de la situación política y, de paso, liberar a los miles de presos anarquistas y anarcosindicalistas que llenaban las cárceles españolas, y aceptó el cargo de ministra de Sanidad. El Partido Socialista, que hasta hacía poco no era más que un grupúsculo de cuatro amiguetes, que a duras penas podían acudir a los pocos foros políticos en los que dejaba algún hueco el todopoderoso Partido Comunista de España, acababa de ganar las elecciones generales. Ella manifestó que le parecía algo bueno para los trabajadores que un partido de izquierdas hubiese ganado las elecciones, pero que mucho se temía que no era el Partido Socialista el que había tomado el Poder, sino el Poder el que había tomado al Partido Socialista.
Desde aquellos años, hasta los actuales, después de haber pasado por etapas en las que el Partido Socialista ha renunciado a casi todos los más importantes principios en los que se sustentaba, la experiencia nos dice que Federica llevaba razón. Hasta el punto de ver que son los viejos socialistas, como Felipe González o Alfonso Guerra, los que ven con buenos ojos un pacto de Estado con el Partido Popular. ¡Si Franco levantara la cabeza!
Efectivamente, los dirigentes de Podemos buscan coger el Poder. Ahí lleva razón mi amigo. Pero, ¿acaso es algo distinto a lo que pretenden los dirigentes de los demás partidos políticos? En parte sí. Lo que pretenden partidos como el Popular o el Socialista es perpetuarse en el Poder y que nada cambie. Es vergonzoso ver cómo se remueven en sus ‘poltronas’ los viejos dirigentes de uno y otro lado, recurriendo a estratagemas traidoras y desleales para desacreditar a los que pueden ser los nuevos inquilinos de Moncloa. No les ha quedado por utilizar ninguno de los recursos que les facilitan las ‘cloacas’ del viejo Estado, al que ellos han dirigido bastantes años. Han investigado hasta el último euro, de la última cuenta, del último proyecto de cada uno de los jóvenes políticos que han ganado estas elecciones. También se les ha acusado de todo. Lo más denigrante ha sido lo que leía en el día de ayer en una editorial de El País, en la que afirmaban, sin pudor de ningún tipo, que Podemos es una creación del Partido Popular, al propiciar que los hayan “encumbrado” los medios de derechas. ¿Pero es que el grupo Prisa es de izquierdas? Entonces, por esa regla de tres, también el Frente Nacional de Le Pen sería una creación del socialista Mitterrand.
No, señores. Aquí lo que tenemos es un cambio político de calado, propiciado por los ciudadanos españoles que han votado en las últimas elecciones, y también por los que se han abstenido, al que se resisten las viejas castas. Y hay dos grupos claramente enfrentados. Uno, compuesto por jóvenes políticos, que, como decía Garrigues, son de todo, menos ignorantes. Otro, formado por la vieja guardia, que en su día cumplieron su función, pero que para facilitar la transición en España “miraron para otro lado”, permitiendo que algunos saquearan las arcas del Estado. Es curioso que el mismo día en el que el señor Rajoy debía aceptar el encargo del Rey para intentar formar Gobierno, un juzgado de Madrid reabriera la causa para analizar la destrucción en la sede del Partido Popular de los ordenadores de su ex tesorero.
Como no podía ser de otra forma en un ilustre gallego, se va, pero se queda. Es decir, nuestro presidente en funciones declina cumplir con su obligación, que es intentar formar gobierno, en base a la existencia de una hipotética coalición en su contra, pero se queda, quizás con la secreta intención de que tomemos conciencia de que con el pacto Partido Socialista/Podemos esto se hunde y, finalmente, facilitemos su investidura por “razones de Estado”.
Pero hay algo que se le escapa a todos estos viejos dirigentes de ambos partidos, a saber, que puestos a “jugar” a política, los jóvenes que han llegado al Parlamento español parece que les dan lecciones a ellos. Efectivamente, los dirigentes de Podemos puede que vayan buscando asaltar el Poder, pero creo firmemente que es por una buena causa. Ya tendremos tiempo de echarlos a ellos también, cuando se les empiece a olvidar por qué están ahí. Será el momento en que el Poder los estará tomando a ellos.





