El mundo va evolucionando y pensamos que no nos parecemos a nuestros antepasados, pero la realidad es otra. Los faraones se construían las pirámides para guardar sus riquezas, ahora los aduladores de riquezas ilícitas no hacen grandes construcciones, pero las ocultan para llevárselas al otro mundo, aunque este nuevo mundo sea menos espiritual y se llame Suiza.
Hace unas semanas escribía sobre el flaco favor que el juez de Vigilancia Penitenciaria hacía a la credibilidad del sistema por dejar en libertad al exalcalde de Marbella (Málaga), Julián Muñoz. Lo argumentaba desde la reflexión de que un cargo público que se enriquece de forma ilícita no puede salir de prisión sin que su principal objetivo, el dinero, lo reingrese en las arcas públicas.
El juez de Vigilancia Penitenciaria compartía los argumentos de la Defensa para conceder el tercer grado penitenciario al exalcalde marbellí. La Defensa de Julián Muñoz nos presentaba un cadáver con altas posibilidades de sufrir muerte súbita, pero a pesar de todo, el casi difunto, prefería llevarse lo afanado al otro mundo. El cuadro médico presentado por la Defensa era conmovedor: “Cardiopatía isquémica-hipertensiva, diabetes mellitus tipo I, dislipemia, arteriopatía sistémica con stent ilíaco, insuficiencia venosa, hipoacusia bilateral, adenoma de próstata, artrosis cervical, ictus sin secuelas neurológicas, aneurisma y un riesgo de muerte superior al 50% en cinco años a pesar del tratamiento”.
Con esa patología, el que escribe pensaba que el letrado era torpe o Julián prefería morirse encerrado antes de soltar un duro, porque la Defensa obviaba que el penado quería devolver el dinero afanado. Un argumento más que sólido, “devolver el dinero”, para entender que el Faraón se había arrepentido y estaba dispuesto a resarcir parte del daño causado. Una forma de ganarse la complicidad de los ciudadanos. Pero Julián debe pensar eso de “¡joder, Bolinaga no se arrepintió y ha salido del talego, yo que sólo he robado salgo y a vivir a todo lujo!”. Estaba seguro de que con esos argumentos el recurso de la Fiscalía contra la concesión del tercer grado penitenciario sería revocado, porque causaría una alarma social difícil de argumentar y digerir.
Lo que me sorprende es que la Audiencia de Málaga que resuelve el recurso del Ministerio Fiscal contra el auto del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de Málaga, entiende que Julián Muñoz “padece varias patologías graves e incurables, si bien su estado no es en absoluto terminal”. Me sorprende porque los facultativos que diagnosticaron el estado terminal del preso no estuvieron muy acertados o se tomaron muy a la ligera la salud del ‘pobre’ enfermo. El auto sigue argumentando que “el preso tiene sus facultades intelectuales intactas, además que de dicha actividad delictiva obtuvo ingentes cantidades de dinero que no se han podido recuperar y que muy probablemente se encuentran ocultas”.
El auto de la Audiencia de Málaga es de una claridad absoluta, rechaza, como argumentaba la Defensa, que su estado de salud empeore por estar en prisión, porque sería como aceptar que los presos españoles no están bien atendidos en las prisiones, sobre todo, porque según nuestra Constitución, los penados sólo deben perder la libertad y, en ningún caso, su dignidad como persona o la salud. Sin embargo, deja una puerta abierta a la libertad cuando dice que “obtuvo ingentes cantidades de dinero que no se han podido recuperar”. Una puerta abierta si tuvieran la intención de devolver el dinero, pero esto de devolver el dinero no entra en cabeza divina.
Decía que el mundo va evolucionando y pensamos que no nos parecemos a nuestros antepasados pero la realidad es otra, porque al igual que los antiguos faraones, las riquezas conseguidas a costa del sufrimiento de otras personas no las devolvemos a sus legítimos propietarios aunque nos cueste la vida.
¡Y eso que no creemos en la reencarnación!





