Hay infinitos que saben a sensación, y hay momentos donde se detiene el tiempo. El tiempo, como la belleza o la emoción, son magnitudes relativas; y así pude dedicarme a su observación, mientras disfrutaba de un tranquilo café en el Charlotte de la Plaza de los Reyes.
Nada hacía presagiar la conexión ancestral que allí tendría lugar, y que me llevaría a recorrer la historia en fracciones de segundo.
La historia es la imagen del tiempo, y así quiso el destino que a mi lado se acomodara un niño sirio; uno de esos que a falta de inocencia, luchan por madurar y despertar en una escuela distinta. La Plaza de los Reyes es su escuela, pero su techo humilde es de tela, ¿qué fue de la regia humanidad?
El niño aprovecha un café para cargar la batería de su móvil. Su gestualidad es paciente; yo diría que precoz; prácticamente se iguala a mí en paciencia al sorber el café. Parece bien alimentado; los estofados de cuscus y las tortas de pan son alimentos poderosos y eficientes; pero la consecuencia letal de la guerra es que se rompe la cadena de suministros. Si falla la nutrición, fallan los cimientos, y la vida se convierte en una huída. Su humor es serio, pues maneja el móvil con lentitud. No obstante heredó su humor de sus antepasados, de los montes de Siria, de sus arenas, de sus sombras, de sus valles inundados. Pero yo me despierto con los montes del Rif enfrente, que no es moco de pavo. (Seguro que echa de menos a sus hermanos). La dignidad de los pueblos oprimidos contrasta con los sentimientos más encontrados. ¿Y si yo volviera a nacer en la tierra de los libros más ancianos? ¿Qué ha pasado para que el esplendor de una civilización, vecina de los hombres más sagrados, cayera en el olvido y en el pecado de la sinrazón?
Seguramente el niño sirio acepta su suerte con la prontitud de los primeros sabios. Seguro su piel no acepta más dolor, y se pregunte: ¿Qué hay más importante que la justicia del astro rey, más allá que despertarse saludando al sol que te bendice con su luz? Al abrigo de los primeros rayos va atando cabos, ¿quién fue el rey miope que rindió su estado?
No sé si España está preparada para recibir la pureza del niño sirio que sangra por las manos. Justicia y dignidad cierran el círculo del viaje sagrado. Las almas que creemos en la Justicia Universal nos reconocemos en el presente, en el futuro y en el pasado.





