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Estamos hartos

Por Redacción
18/01/2014 - 15:55

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Otra vez, y no será la última, la barbarie africana ha saltado la valla del perímetro de Melilla con actitud violenta y agresiva hacia las Fuerzas del Orden. Las fronteras protegen las culturas como la piel al ser humano. Pero no importa, es igual, se diga lo que se diga o se escriba lo que se escriba. Quienes han de poner coto a esta desenfrenada barbarie les da igual. Les entra por un oído y les sale por el otro. Estamos en manos de una clase política cobarde. Un gobierno acobardado que mira para otro lado. A ella, a esa casta política infame y cobarde, no le llega la marabunta inmigrada. Esa casta política endófoba y etnomasoquista no ha de socializar esta inmigración masivo-invasiva. Ellos y sus familias se han puesto a buen recaudo de las tropelías de esos inmigrantes que han tomado el país al asalto y se han arrogado el derecho de tener derecho a todo lo que les salga de los cojones, ante la incredulidad de una ciudadanía que se tiene que pellizcar para creer lo que ven sus ojos. Si en verdad el Gobierno que padecemos estuviera comprometido con España, y no fuera una banda de entreguistas y de pusilánimes, dudo que alguien osaría saltar las vallas de Melilla y de Ceuta. Las defenderían con uñas y dientes, por las buenas o por las malas. Pero no, es una banda de arribistas acobardados. Las fronteras están para ser respetadas y quien no esté por la labor de respetarlas debe ser consecuente con sus actos y atenerse a las consecuencias de haber entrado en un país por donde no está permitido y, además, violentamente y agrediendo a las Fuerzas del Orden. Así, la ciudadanía ve atónita cómo un grupo de sirios –que entró en la ciudad con pasaportes a nombres de otros– se aposta y ocupa una plaza pública exhibiendo unos carteles en los que se explicita que tienen derechos y acusa a España de incumplir con sus obligaciones. ¡Cómo alguien que no respeta los derechos de los demás y comete un delito puede arrogarse derechos y acusar a otro de que no respeta sus derechos! ¡Esto es de locos! El mundo al revés.    
Estamos hartos de esta inmigración. ¡Hartos! El ciudadano con dos dedos de frente, no la masa aborregada y lanar, está harto de estas invasiones, de estos inmigrantes que se arrogan el prurito de tener derechos sin respetar los derechos de los ciudadanos de los países que asaltan.

Al ciudadano sensato no se le oculta que esta invasión está dando lugar a la africanización y a la islamización del continente europeo. A ese ciudadano sensato, no a la masa aborregada y lanar, no se le oculta que estas invasiones laminarán, si no lo están haciendo ya, el orgullo de ser español y europeo, la autoestima, la identidad que nos caracteriza, el orgullo y la conciencia de pertenencia racial. Todo ello está conduciendo al español, y al europeo, a sentirse acomplejado por el mero hecho de defender sus raíces, su cultura, sus orígenes y su religión. Estamos hartos de esos inmigrantes ilegales que se pasean impunemente por las calles de nuestras ciudades con una orden caducada de expulsión en el bolsillo, sin que la cobarde autoridad competente los ponga a buen recaudo en una cárcel hasta que sean deportados con todas las de la ley.
Estamos hartos de esa casta política cobarde y traidora a su país y a su estirpe. Estamos hartos de esos pseudoprogresistas que se arrogan la defensa de esta inmigración masivo-invasiva en aras un mundialismo laminador y destructor de culturas y de identidades para formar una masa acrítica, amorfa, mestiza y sumida en la anomia, sin un claro sentido de pertenencia. Estamos hartos de esa casta política enemiga de todo lo que nos caracteriza como español y europeo. Una casta política cobarde, endófoba y etnomasoquista que se ha revelado enemiga de la civilización europea y está entregando en bandeja el país a esa masa africana y asiática que se nos cuela ilegal y violentamente, exigiendo por las bravas un lugar al sol y reclamando derechos a los que en modo alguno tiene derecho. El único derecho que asiste a estos asaltantes es la expulsión.
Estamos hartos de pagar para que nos invadan. Estamos hartos de que con nuestros impuestos se financien las escuelas, la sanidad, las medicinas, los pisos de acogida, la exención de impuestos, comedores escolares y demás subvenciones de estos inmigrantes ilegales. ¡No con nuestro dinero! Estamos hartos de ver cómo nuestra manera de ser y de vivir y de encarar el futuro, nuestra cultura y gastronomía, nuestra manera de celebrar nuestras fiestas y efemérides históricas se ven puestas en entredicho por esas masas tercermundistas, jaleadas y animadas por la casta política traidora, endófoba y etnomasoquista; por esos sindicatos corruptos hasta las cejas; por la iglesia y sus obispos y alrededores, entregados en cuerpo y alma a esos invasores, sin darse cuenta de que ellos serán los primeros en pagar las consecuencias de su irresponsabilidad; son alentados por la prensa vendida al Sistema, silente sobre la cara perversa de esta inmigración masiva; ayudados por esas ONG entreguistas y odiadoras de todo lo que huela a civilización occidental; y por los consabidos lameculos, lamebabuchas, tontos útiles y “gatos roñosos, rabiosos y sarnosos”. En fin, este cúmulo de colaboradores con la inmigración ilegal está haciendo un flaco favor a España, y coopera para que el efecto llamada sea un aldabonazo en las conciencias de las masas tercermundistas para que éstas se pongan en camino hacia nuestro país.
Ni una ayuda más, ni un euro más, ni una subvención más para esas masas tercermundista de asaltantes. Caso contrario, seguirán llegando. Estamos dando todo, lo mejor de nosotros, a cambio de nada. Pero, eso sí, no habrá vallas suficientemente altas, escribía alguien, para proteger a un pueblo de cobardes.

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