Mamá, nos dejaste hace solo unos días, un veintitrés de febrero, una madrugada lluviosa, lágrimas del cielo… Y allí te fuiste, por buena. Quién lea estas líneas y conociera a mi madre, sabrá que no exagero en absoluto, porque era trabajadora, buena persona, graciosa, guapa y luchadora.
Nunca, a mis cincuenta y cuatro años he escuchado a mi madre hablar mal de nadie, aunque tuviera motivos, puedo jurarlo por ella.
Empiezo contando un poco lo que fue su vida:
Siendo mi madre pequeña, por circunstancias de la vida, a sus trece años, tuvo que cuidar de sus hermanos y luchó como una guerrera para sacarlos adelante. Luego, Dios fue bueno y le puso un gran hombre en su camino, mi padre. Él nos hizo y ella nos trajo al mundo para orgullo de mi hermano y mío.
¡Qué recuerdos tan bonitos, los cuatro juntos y felices!
Gracias mamá, gracias papá, gracias por haber sido nuestros padres.
Ahora te pido ayuda mamá, pero este es un tema muy delicado, pues lo que quiero es que me enseñes a vivir sin ti y que seas el ángel de tus nietas.
Descansa en Paz.
Mi viejecita, siempre me acordaré de ti.
Tu hija, Mª Carmen García Castillo.





