Hay que reconocer que es bonito y agradable ver en las plazas y otros lugares grupos de palomas revoloteando y pululando por el suelo. Al igual que existen en otras ciudades, Ceuta no iba a ser una excepción, contando con un buen número de ellas desperdigadas por toda la ciudad. Pero todo este atractivo que las “columba” ofrecen se ve enturbiado por la cantidad de excrementos que depositan por doquier, a saber: en tejados, balcones, salientes de edificios, monumentos, recovecos de los balcones donde normalmente anidan y procrean. Suelen ser portadoras además de todo tipo de insectos, especialmente garrapatas. En definitiva, me atrevería a denominarlas duramente como “ratas volantes”. Puedo dar fe de ello porque en mi casa suelen intentar anidar y yo procuro siempre evitarlo. Desde mi atalaya en la Plaza de los Reyes puedo ver el estado en que se encuentran los tejados de las casas colindantes, la iglesia de San Francisco y en especial la parte alta del arco que simula la puerta del antiguo hospital, donde están los reyes San Hermenegildo y San Fernando. Completamente llenos de excrementos y suciedad.
Existen personas bondadosas que habitualmente las alimentan y cuidan de ellas sin darse cuenta que con ello contribuyen al deterioro del entorno.
En mi humilde opinión, creo que se debería reducir el número de ellas por personal especializado hasta un punto que no se conviertan en una molestia y siga siendo un atractivo para la ciudad.
Como sugerencia y recordando cuando de pequeños íbamos a cazar pájaros con redes y los reclamos correspondientes, se podría utilizar este sistema y trasladarlas posteriormente al parque de San Amaro habilitando allí un lugar para acogerlas.





