Creo que nuestro ministro de exteriores, Margallo, nos ha ofrecido ya dos ejemplos que ilustran el mal resultado de su gestión. Por una parte, y aún en tono de humor, le soltó a Keneth, congresista inglés, las dos famosas, y fáciles palabras, Gibraltar español. Y por otra parte, cuando la Sra. Kirchner expropió YPF, nuestro ministro se apresuró a decir a todos que habría una contundente respuesta. Pues bien, en el primer caso, Margallo, no va a pasar de las palabras que le dijo al británico, pronunciadas como si estuviéramos de charla en la barra de un bar. Ahí se ha terminado su lucha por Gibraltar, no hará nada más. Es curioso ¿Por qué le molesta que los príncipes de Gales visiten el Peñón? Hoy por hoy, y aunque no nos guste, Gibraltar es inglés, y, por lo tanto, desde el primer al último súbdito, lo pueden visitar cuando quieran.
Molestarse por eso, es una forma de pataleo estúpido que no lleva a nada. Debería molestarse, no por la visita, sino por la permanencia después de 300 años en una tierra que, por justicia y derecho, es española. Para eso, no hay contundencia. Hemos llegado a la desvergüenza, por nuestra debilidad claro, que las autoridades británicas no permiten a los pescadores españoles pescar en las aguas de la Bahía, que son españolas! Los ingleses, sin razón pero con una fuerza que nunca tendremos nosotros, hacen lo que quieren. Y con referencia a YPF, no sólo no ha existido una contundente respuesta, sino que el gobierno argentino no va a pagar un céntimo por la expropiación de YPF, ilegal de acuerdo con la propia ley argentina. Lo más relevante que ha hecho Margallo, ha sido quejarse por la falta de ayuda de los Estados Unidos, y de otros países, pero, de su propia cosecha, como debe ser, no ha hecho nada. Nunca aprenderán estos débiles políticos (ideologías aparte) a actuar, con razón y fuerza, primero, y a hablar después, si es que procede, porque en muchas ocasiones, sobran las palabras cuando el silencio y los hechos lo expresan todo.





