Me miro dentro del alma,
profunda como el silencio,
profunda como la noche,
¡Qué profunda, me da miedo!
Alta la veo en la cima,
honda en los negros pesares,
en confusiones perdida,
que la aturden, la deshacen.
En oraciones se eleva,
se eleva, hace elevarme
a mundos desconocidos
donde no conozco a nadie.
La siento en soledad
como compañía de alguien
que la contempla y la ve,
sola, sin calor de nadie.
Alma que estás dentro de mí
y de respirar me sientes,
dime:
¿Cuándo tú me dejes,
irás a otras carnes,
que analicen como yo
estos momentos tan grandes,
y miren dentro de ti
como yo sé bien mirarte,
te protejan de la envidia
de estos mundos terrenales,
del deshonor y de la ira,
que es pecado, tú lo sabes?
¡Oh alma, eres sublime!
mi alma que no es de nadie,
un legado de mi Dios
que sólo supo prestarme.





