Esta no es la primera vez que oigo las voces del colectivo musulmán pidiendo igualdad y convivencia. Personalmente creo que no les falta ni un ápice de razón en su reivindicación. Por mucho que Vivas y su séquito insistan en asegurar que la ciudad es un remanso de paz en el que cristianos y musulmanes conviven en completa armonía, a nadie se le escapa que eso es mentira. Evidentemente hay casos y casos, pero es cierto que en zonas como el Príncipe, por poner un ejemplo, la Policía no actúa igual que en el Centro. No me refiero a su actuación en casos de emergencia, sino al respeto hacia la persona a la que piden una documentación o el grado de agresividad con que se actúa. De hecho, en el Príncipe van en ‘cuadrillas’ y con un equipamiento antidisturbios, con las escopetas de bolas en la mano, avanzando como si aquello fuera Irak. ¿Y todo para qué? Para pedir la documentación a unas cuantas personas. ¿Qué pensarían ustedes si ese mismo dispositivo se desplegara en el Centro? Pues que ha ocurrido algo grave, claro. A nadie se le escapa que existen dos ciudades, una hasta las Puertas del Campo y otra más allá. A nadie se le escapa que hay un importante número de personas que no ocultan en sus círculos más íntimos su ‘odio’ al colectivo musulmán. A nadie se le escapa que la Policía no trata con el mismo respeto a un ‘Mohamed’ que a un ‘José’. A nadie se le escapa que debe haber mucha gente molesta dentro del colectivo musulmán por la situación y por aquellas dolorosas palabras de Carolina Pérez en el Congreso tildando de ‘vagos y maleantes’ a la mayoría de los musulmanes de la ciudad. Yo no digo que no haya diferencias, porque las hay, pero estoy seguro de que podría existir un trato igualitario.





