Sólo tú, Jesucristo, eres capaz de congregar lo que hemos vivido en Madrid con motivo de la JMJ.
No había un sólo rincón de la Capital del Reino en el que no se veían miles de peregrinos ondeando las banderas de sus países, hermanadas con la de España. Han pasado ya unos días y cada vez que me viene al recuerdo los momentos vividos mi corazón casi se rompe de gozo.
Desde de comenzamos la preparación de la JMJ en cada diócesis y hasta la llegada a Madrid, Jesucristo no ha dejado de sorprendernos.
Primero, nos esperaban en Cádiz, donde pudimos vivir una eucaristía presidida por nuestro querido D. Antonio acompañado de un gran número de sacerdotes, y de nuestro apreciado diácono Manolo.
Miles de peregrinos de distintas partes del mundo arropamos a Nuestra Señora del Amor Hermoso, preciosa Virgen que presidió la eucaristía en la Plaza de la Catedral.
Finalizada la misa, distintos grupos vestidos con sus trajes típicos, nos deleitaron con el flolklore de su país: Guatemala, Panamá, Rusia, Cádiz... Todo hermosísimo.
Alas cinco de la mañana, partimos en autocar. Y después de un viaje tranquilo, al fin “estabamos en Madrid”, cantábamos todos.
Tanto se ha vitoreado al Beato Juan Pablo II, que él debe haber intercedido desde el cielo para hacer posible que la afluencia de peregrinos enla Capital del Reino, jóvenes y no tan jóvenes, ha sobrepasado los cálculos previstos, para arropar a nuestro querido Papa Benedicto.
A esta llamada del Papa todos coreábamos “somos adictos a Benedicto”, y “esta es la juventud del Papa”.
Porque, tanto Juan Pablo como Benedicto, son la representación de Pedro.
Vivir este acontecimiento con la diócesis de Cádiz ( hermanos de Algeciras, La Línea, Cmpo de Gibraltar) juntamente con Ceuta, ha sido impresionante: nuestros sacerdotes de la diócesis, seminaristas y monjitas... en fin, un regalo. Andalucía es fantástica, pero Cádiz tiene un salero que no se puede aguantar.
Hemos rezado, cantado, bailado: no importa el calor, ni el cansancio, ni la sed.
Allí había sólo alegría. ¡Ah¡ y hemos comido muy bien, con un catering concertado por “Momo” y servido por Jose Luis ( que había sido cocinero de la Casa Real) y por su compañero Juan.
“El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Salmo). Impresionante no sólo la alegría de los peregrinos sino también el comportamiento de los mismos.
Impresionante, los numerosos stand religiosos a lo largo del Retiro. Los confesionarios que parecían veleros en reposo; impresionante la carpa blanca - como la nieve- de las Hermanas Misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta, con el Santísimo expuesto en su interior, acompañado por la Purísima, la Cruz de los Jóvenes y el icono de la Virgen, y con una gran profusión de rosas. A los pies, en profundo recogimiento, las Hermanitas cual palomas blanca, y multitud de peregrinos.
Maravilloso el musical al que asistimos en el Teatro de la Casa de Campo sobre la vida de Juan Pablo II, que nos gustaría poderlo disfrutarlo un día en Ceuta. Y simpático el recibimiento de los vecinos de Cuatro Vientos que nos “regalaban” cubos de agua arrojados por la ventana para liberar nuestro calor...Y Cuatro Vientos se nos quedó pequeño.
Ceuta fue representada por todas sus parroquias. Quiero resaltar la compañía de Mercedes Canca de la que tanto aprendí compartiendo esos momentos: gracias Mercedes.
Y que decir de nuestros sacerdotes, Andrés Munoz y Cristóbal Flor. Gracias Señor por ellos.
Jesús, tu iglesia está viva. Le pese a quien le pese. Tus jóvenes han sorprendido al mundo a la llamada del Santo Padre.
Gracias, Señor y gracias María, por la fuerza que nos habéis transmitido a través de las oraciones de quienes han rezado por nosotros.
Gracias España, gracias Madrid, gracias a los servicios de seguridad, al Samur, a los voluntarios... Miles de gracias a los que nos han acogido.
Ayúdanos señor a transmitir lo que hemos vivido, para los que no han oído hablar de tu gran amor, te conozcan.Ayúdanos a conseguir la paz y el amor en el mundo.
Tanto los que han vivido a través de la televisión, como los que lo hemos vivido en directo, nunca lo olvidaremos.
Gracias, Padre Dios, gracias Jesucristo, gracias María. Y gracias al Padre Druet y se equipo.
“Yo construyo mi vida en Cristo”.
* Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios





