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La “Pajinquisición”

Por Redacción
13/03/2011 - 10:23

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Salvo que se produzca el insólito milagro de que, al menos por una vez, triunfen el buen juicio y la sensatez, algo denominado “Ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación” llegará a obtener la aprobación de las Cortes Generales y a estar vigente antes de que -por fin- termine esta larga y penosa legislatura. Se trata del “proyecto estrella” de la Ministra Pajín, con la colaboración inestimable de Bibiana Aído y, naturalmente, bajo las directrices ideológicas y las bendiciones -laicistas, por supuesto- del Presidente Zapatero.
El anteproyecto de dicha Ley, que se acerca peligrosamente a la mesa del Consejo de Ministros para ser remitido, ya como Proyecto, al Congreso de los Diputados, es realmente inquietante. Con la expresa intención de hacer de España la “pionera” en la persecución de cuanto se estime que puede humillar a alguien por razones de nacimiento, raza, sexo, convicción, discapacidad, edad, religión, identidad sexual o enfermedad, crea un alarmante entramado para la persecución y castigo de aquellos a los que se considere infractores de tal propósito. Nadie, en verdad, debe ser humillado, es decir, herido en su amor propio o en su dignidad, pero las leyes vigentes nos ofrecen ya una serie de figuras (calumnia, injurias, integridad moral, racismo, vejaciones, protección civil del derecho al honor,  a la intimidad y a la propia imagen, etc.) que de por sí deberían excluir una regulación tan diabólica –en el sentido jurídico del término, cuando menos- como la que ahora se pretende.
Basta decir, al respecto, que -so capa de “colaboración”- se estimulan la delación, el soplo o el chivatazo; que se castigará con multas desde 150 hasta 500.000? a los supuestos humilladores, que éstos tendrán que demostrar su inocencia  (lo cual constituye una evidente vulneración de la presunción constitucional); que dedica un capítulo concreto a los medios de comunicación, constriñendo así el principio de la libertad de expresión; que incluso se crea la figura de un Fiscal especial para la materia; que se institucionaliza un nuevo cargo, el de la “Autoridad para la Igualdad de Trato y la no Discriminación”, una especie de Comisaría ideológica cuyo titular designará el Gobierno, con un mandato de seis años e inamovible, y para el cual, al parecer, tiene todas las papeletas Bibiana Aído, nada menos que con competencia supranacional y con potestad para imponer sanciones administrativas… Ese empeño garzonita de meterse a “justiciero universal” tiene evidentemente seguidores entusiastas.
Siguiendo la tradicional trayectoria del zapaterismo, la proyectada Ley no prescinde de prohibir, que es, al parecer, lo “progre”, pues según su artículo 4, “queda prohibida toda conducta, acto, criterio o práctica que atente contra el derecho protegido por la presente ley”. La ya clásica tendencia totalitaria a imponer con carácter general una manera de pensar, un modelo ideológico fuera del cual están convencidos de que solo hay tinieblas. Nos van a prohibir hasta la facultad de tener criterio, es decir, lo que la Real Academia define como “juicio o discernimiento”. La columnista Carmen Sánchez Maillo ha escrito acertadamente que “estamos ante la policía del pensamiento, nos aproximamos al delito de opinión”, sentenciando que “sin duda que seremos pioneros en Europa si se aprueba este anteproyecto, sí. En involución”.
Nos enfrentamos, en realidad, a algo que se parece, salvando las distancias, a aquella temible Inquisición de tiempos pretéritos. La “Pajinquisición”, vamos. Denuncia anónima, culpas por pensar, obligación de demostrar la inocencia y durísimas sanciones. Por fortuna, vivimos en otra época, en la cual no se habla de torturas físicas ni de hogueras. Aunque es posible que algunos hasta las añoren.
Ya está bien de intentar -como sea- imponernos a golpe de normas  incluso nuestro propio criterio. Ya está bien de pretender una sociedad domesticada, uniforme y gregaria. Ya está bien de ir tras algo similar a aquel “mundo feliz” de Aldous Huxley, que, en definitiva, era el más infeliz de todos los mundos.
Como todavía puedo decir lo que pienso, lo diré: ¡No a la “Pajinquisición”!

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