A pesar de ser una ciudad con diez mil soldados, en el año 1981 la tranquilidad fue la nota predominante en Ceuta.
Hoy se cumplen 35 años de la intentona golpista del 23-F. No queda, en la práctica, ningún político ceutí todavía en activo de aquella época. Ceuta, con un peso importante todavía desde el punto de vista militar, con diez mil soldados haciendo la mili obligatoria, era un lugar destacado a tener en cuenta. Hablamos de una fecha que marcó la historia de Ceuta. El entonces alcalde, Ricardo Muñoz Rodríguez, era un militarista destacado y su gran preocupación en esa jornada era conocer como se desarrollaban los acontecimientos en la Comandancia General, a escasos metros de su despacho en la sede del Ayuntamiento. Pero, lo cierto, es que tampoco hubo mucha intranquilidad. Es verdad, que algunos políticos de izquierda incluso estuvieron a punto de irse a Marruecos en una patera y quemaron sus pasaportes para que nadie pudiera identificarles por si la intentona golpista triunfaba en el país.
Desde el primer minuto. el comandante general de Ceuta se puso al lado de las fuerzas constitucionales, y a pesar de la situación tibia que durante muchas horas mantuvo el entonces capitán general de la II Región Militar, Pedro Merry Gordon, éste sabía a la perfección que con Ceuta no se contaba para dar un paso atrás en nuestra historia.
Fue una noche de radios y de televisores. Las luces de las viviendas permanecieron encendidas toda la noche, porque España se jugaba su futuro, un futuro con cinco años nada más de historia democrática que se podía venir abajo y donde los antiguo temores del pasado comenzaron a revolotear nuevamente en las mentes de muchos demócratas. Fue la radio la que puso en conocimiento la entrada de Tejero con los guardias civiles en el Congreso de los Diputados. Allí en su interior se encontraba el entonces diputado ceutí, Francisco Olivencia. Y el mensaje a través de las onda fue lo que permitió durante las primeras horas conocer lo que sucedía en el resto del país. Sin embargo, la aparición del rey don Juan Carlos, cerca de la una de la madrugada, vestido con el uniforme de capitán general del Ejército de Tierra, declarando que la Monarquía estaba al lado de los poderes constitucionales supuso un antes y un después del intento de golpe de Estado. A partir de ese momento, el castillo de naipes fue cayendo a medida que avanzaba la madrugada.
Los partidos políticos comenzaron a enviar sus comunicados de apoyo a la democracia y al papel que el rey había jugado unas horas antes. Todo se seguía por la pequeña pantalla.
Ya hacia las doce de la mañana, comenzó la salida de los guardias civiles por las ventanas de la planta baja del Congreso, mientras que unos minutos después Tejero despedía uno a uno a los guardias civiles que habían entrado con él. La salida de todos los diputados secuestrados por Tejero y sus demás compinches fue otro de los momentos emocionantes de una jornada, donde España se jugó su democracia recién conquistada.






