El desafío de intentar formar Gobierno tras el complicado resultado que arrojaron las urnas el pasado 20-D corresponde ahora al PSOE. Aunque lo correcto sería precisar que es una misión que atañe a Pedro Sánchez ya que entre los socialistas no existe unanimidad sobre la conveniencia de emprender la aventura que está dispuesto a iniciar su secretario general.
Incluso es patente la existencia de destacados miembros del Comité Federal que están deseando cerrar cuanto antes el capítulo de Pedro Sánchez, pero para acabar de justificar su defenestración es necesario que a su mal resultado en las urnas, el aspirante socialista a La Moncloa sume ahora el fracaso en una más que complicada negociación con Podemos, nacionalistas, independentistas...
Ayer, tras finalizar la segunda ronda de consultas del Rey, Mariano Rajoy se mantuvo firme en su decisión de dar ‘un paso atrás’. Informó al Felipe VI de que no sólo no había conseguido alcanzar un pacto para formar gobierno, sino que ni siquiera había logrado empezar a dialogar con el líder de la oposición. Por lo tanto, observará desde la barrera la evolución del panorama político, tal vez esperando contemplar (al igual que destacados dirigentes socialistas) un atardecer en el que la figura de Pedro Sánchez se oculte poco a poco tras el horizonte hasta quedar reducido a la irrelevancia en la escena política.
Por el contrario, como un espontáneo que se arroja al ruedo en busca una oportunidad que le permita demostrar su valía para lidiar una situación política tan complicada como la actual, Pedro Sánchez comunicó al Rey su predisposición a intentar formar gobierno. No es cualquier cosa el reto que asume quien a mediados de 2014 pasó del anonimato político a ponerse al frente del PSOE, quien un año después se proclamó candidato a la presidencia del Gobierno y quien ahora está dispuesto a presidir un Consejo de Ministros bajo la supervisión directa de Pablo Iglesias, a quien ha tildado en numerosas ocasiones de populista y a quien presumiblemente estaría obligado a llevar de copiloto en esta aventura.
No es fácil la labor de Pedro Sánchez porque para alcanzar el éxito debe superar varios retos sin posibilidad de fracasar en ninguno de ellos. En primer lugar, debe conseguir ser investido presidente, para lo que es necesario una endiablada operación matemática de apoyos y silencios que inmediatamente van a querer ver materializada en pactos y compromisos las formaciones políticas que la respalden. Éste, precisamente, es el segundo reto: conseguir un gobierno que dé estabilidad política al país, que aleje la amenaza de que a la vuelta de la esquina habrá nuevas elecciones. Además, es necesario continuar en la senda de la recuperación económica, para lo que Bruselas exige nuevas reformas que quizás los compañeros de viaje de Pedro Sánchez no estén dispuestos a acometer.
Por otra parte, el secretario general del PSOE tiene que ser capaz de ganarse o de neutralizar a esos ‘compañeros’ de partido que quieren verlo convertido en un cadáver político, sobre todo después de haber intentado ‘ningunearlos’ con su propuesta de la consulta a los afiliados sobre el hipotético acuerdo que alcance con Iglesias. Y debe acabar con esa ‘oposición interna’ con argumentos contundentes. Primero, garantizando que su principal aliado, el líder de Podemos, no va a poder reducir a la irrelevancia política al PSOE como ya ha hecho con IU. Y en segundo lugar, convenciendo al Comité Federal de que tras haber tocado fondo con 90 diputados, esta aventura es el primer paso para que los socialistas recuperen el protagonismo político que han ido perdiendo, una tras otra, en las últimas citas electorales.
Difícil, muy complicada es la faena a la que se enfrenta Pedro Sánchez. No obstante, no sería el primero que se hace un hueco en el mundo del toreo dándose a conocer como espontáneo, aunque nunca ha habido un aspirante tan osado ni desesperado como para arrojarse al ruedo con tantos astados reacios a dejarse torear.





