El gobierno estable que necesita nuestro país para encarar las medidas necesarias que nos conduzcan hacia salida definitiva de la crisis económica; el Ejecutivo sólido que haga posible dar una respuesta adecuada al reto independentista catalán; el fin de la incertidumbre política que sobrevuela nuestro país desde las pasadas elecciones... son objetivos que aún no se vislumbran con claridad en el horizonte, pero que quizá estén un paso más cercano tras el proceso llevado a cabo para la configuración de la Mesa del Congreso.
Hay que empezar reconociendo que hubiera sido deseable un acuerdo político previo para el reparto de los órganos de gobierno de la cámara baja. Ciudadanos ha intentando sin éxito sentar en una misma mesa a populares y socialista. Sin embargo, ha sido imposible la negociación a tres bandas entre los partidos constitucionalistas que en principio se oponen a la convocatoria de un referéndum independentista en Cataluña. Paradójicamente, el pacto o el plácet ha llegado a posteriori, cuando el reparto ya era un hecho consumado y las partes implicadas han caído en la cuenta de que éste era el mejor acuerdo posible. Será Patxi López quien presida el Congreso de los diputados tras la renuncia del Partido Popular, que por paradojas de la política, es la misma formación que con su apoyo posibilitó que López fuera investido lehendakari en marzo de 2009, dando lugar al primer gobierno no nacionalista en el País Vasco.
Ahora el candidato popular a la Presidencia del Gobierno reclama ese mismo apoyo al PSOE para, entre otros asuntos, encarar el desafío de los nacionalistas catalanes. Está por ver que los socialistas faciliten la permanencia de Rajoy en La Moncloa. Las posturas entre los máximos responsables de ambos partidos no sólo no se acercan sino que parecen más distantes a medida que pasan los días. De hecho, ayer Rajoy protagonizó uno de sus ataques más duros a Pedro Sánchez. Dijo del secretario general de los socialistas que sus tanteos con Podemos son consecuencia de sus “urgencias personales” y tachó de insensatez un hipotético pacto con los nacionalistas catalanes. Antes Sánchez había dicho que una coalición con el PP sería “un gran fraude”.
Son declaraciones que no permiten augurar un acuerdo en los próximos días entre populares y socialistas. Un pacto PP-PSOE es hoy tan improbable como lo era hasta el sábado por la tarde la renuncia de Artur Mas a presidir la Generalitat. Las circunstancias obligan, debieron de pensar los nacionalistas catalanes para caer en la cuenta de que era preferible ese acuerdo a unas elecciones que podrían resultar letales para su proyecto independentista. Las circunstancias y la necesidad de encontrar el pacto menos perjudicial políticamente y más conveniente para el país son los principales argumentos para apostar por un acuerdo PP-PSOE, con un apadrinamiento de Ciudadanos, que puede resultar imprescindible para acercar posturas.





