No es de recibo que el consejero de Fomento se llevara ayer la lluvia de insultos, descalificativos, gritos y todo tipo de improperios que le dedicaron algunos de los ciudadanos que estaban apostados a las puertas del Palacio de Justicia esperando una nueva jornada de declaraciones en torno al caso Loma Colmenar.
El recibimiento, que Néstor García León aguantó estoicamente, sin un mal gesto ni una mala mirada, ha sido mucho más hostil que el que se llevó a principios de mes, cuando también fue citado a declarar aunque no pudo hacerlo y prefirió salir por la puerta trasera para ni aguantar abucheos ni improperios, que en ese momento también eran y muchos. El hecho de que el consejero decidiera ayer entrar y salir por la puerta principal, a pesar de todo, evidencia también un nivel de agresividad y hostilidad que va en aumento entre el colectivo de afectados, una hostilidad paralela a la inminente celebración de un sorteo del que son firmes detractores y que si la jueza no lo impide, se hará mañana por la tarde.
Pero esas palabras, insultos y hasta amenazas no pueden ser nunca justificadas por mucha tensión acumulada que haya en el ambiente. Y ayer había en exceso.
Las personas cuyo nombre figuraba en esa lista son víctimas también de toda esta situación sobrevenida. Se les generaron unas expectativas de vida que no se han cumplido, una esperanza que se difuminó en muchos casos en cuestión de minutos. Algunos llegaron incluso a ingresar el dinero que se les requería para los contratos de servicios básicos como la luz o el agua. Pero nada de eso puede ser un argumento válido a la cerrazón, malos modos y falta absoluta de educación y respeto que mostraron algunos de los presentes, que no todos. Otros, por muy enfadados que estuvieran, como el consejero, también aguantaron el tipo y el semblante. Estoicamente.





