Los ciudadanos no desertan de la política, sino que en muchas ocasiones son los políticos los que hacen desertar de la política a los ciudadanos.
Cuando hablamos de un Ayuntamiento o de un ente autonómico, como es el caso de nuestra ciudad, lo que de verdad quieren los ceutíes es que quienes les representan en la Asamblea no ofrezcan espectáculos de enfrentamientos para defender, en muchas ocasiones, no el interés general, sino sus propias parcelas de poder. Los ceutíes no desertan porque vean a sus representantes en la Asamblea defender con ardor sus propuestas que van dirigidas a mejorar el nivel de vida o que van dirigidas a intentar aliviar en parte el sufrimiento de muchas miles de familias que tienen a sus integrantes en el paro. Lo que de verdad desean los ceutíes, tanto quienes han acudido a votar como quienes han preferido quedarse en sus casas, es que los diputados, sean del partido que sean, pertenezcan a la ideología que prefieran, busquen puntos de acuerdo. Porque nadie entiende que en lo que se denominan asuntos vitales para nuestra ciudad existan enfrentamientos, exabruptos en ocasiones entre quienes hablan, como si creyeran que son el ombligo del mundo, cuando resulta que es todo lo contrario, están allí para solucionar los problemas de los administrados. Y si de verdad todos intentan remar en la misma dirección en los asuntos que son esenciales para todos, a buen seguro, que se iría reduciendo esa desafección que sienten los ciudadanos por la política. Porque la democracia, mientras no se invente otro sistema y a estas alturas difícil está, sigue siendo con diferencia el mejor régimen político conocido. El problema no es el sistema, sino determinadas personas que han entendido que el sistema les pertenece, cuando en realidad, la democracia no deja de ser el poder del pueblo para el pueblo. Si se marcha en ese camino en un futuro resolveríamos muchos de nuestros problemas.





