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El Centro Dramático interpretó ayer en el Revellín el último espectáculo de la temporada
Ideada y escenificada para reír, para pasar un buen rato, surgió el proyecto de ‘El tonto es un sabio’ en el Centro Dramático cuando ya daban por cerrado el calendario de actuaciones. Y más de un sonrisa consiguieron sacar anoche en el Revellín ante su fiel público que contra viento y marea se presenta en el Auditorio dispuesto a aislarse durante unas horas del mundo y dejarse llevar por los entresijos que plantean estos actores ceutíes, quienes además se muestran muy agradecidos de la crítica recibida en sus últimas obras y a quien desean seguir correspondiendo.
La comedia de enredo que presentaron, protagonizada por el doctor Mateo Ruiz, a quien dio vida Iván Martín, gustó mucho a los asistentes y no fueron pocas las risas que se escucharon. Consiguieron conectar con el público, con quien ya existe una relación casi familiar, y también gracias a las características propias de la obra, cargada de bufonadas y situaciones características, que no da pie a plantearse mucho más.
Sin pretensiones, sin objetivos, sin presupuesto, “sólo para disfrutar”, decían desde el Centro Dramático que había sido el objetivo de lanzarse a última hora sobre las tablas. Y así fue, no descubrieron al público nada nuevo, no destaparon sorpresas, no fue su mejor obra pero tampoco decepcionaron, simplemente rieron e hicieron reir, y es un buen motivo para sentarse a disfrutar. Los actores consiguieron sacar partido al origen de la comedia, transitaron en procesión por el escenario arropando al personaje principal y dejando claro que ese es su lugar y que lo conocen bastante bien.
El grupo dirigido por Merlo se movió por lo seguro, y dada la falta de tiempo a la que achacaban la escasa preparación tanto de la obra como de la escenografía, tiraron de un género manido para asegurarse el último fin del séptimo arte y con el que despedir el año como realmente hay que hacerlo, con una sonrisa de oreja a oreja.






