A Yolanda Bel se le ha pretendido condenar con una burda patada a la presunción de inocencia. Se le ha expuesto de una manera indecente al particular paseíllo mediático preparado por algunos día tras día, buscando de esta forma hacer mella en la número 2 del Gobierno a sabiendas de que es uno de los pilares del presidente Vivas. A ella la eligió como su número 2, en ella se ha apoyado hasta la saciedad y con ella acudió al juzgado ayer para que a nadie le quepa la menor duda de la inquebrantable unión que existe entre quien ha sido elegido como presidente de esta ciudad por los ceutíes y quien constituye una de las bases del actual Ejecutivo, pese a quien pese. Ni Yolanda se va, ni Madrid le tira de las orejas al presidente, ni éste se deja amedrentar ante una maquinaria de presión formada, que no se le olvide a nadie, por despechados. Esa parte de la historia debe tener la misma publicidad que el resto para conocer, así, que quienes están detrás de la denuncia personalizada en la consejera Bel son personas apartadas del Gobierno de manera radical, que han intentado incluso tener algún peso en el Partido Popular sin éxito y a los que solo les ha quedado constituir una asociación que lucha contra la corrupción y transparencia. Qué incongruencia, qué locura... pretender la búsqueda de una pureza entre quienes tienen su propio pasado en las hemerotecas y no dejarán de tener además su hueco en meses venideros porque seguirán siendo noticia. Ya verán. Quizá entonces podremos dar alguna que otra lección judicial para aquellos que aún no saben la diferencia entre procesado y denunciada, entre quienes se van a tener que sentar en un banquillo y quienes acuden a la llamada judicial sin que aún exista conclusión alguna.
Bel ha sido condenada por algunos de antemano, como, de igual manera, se ha efectuado una invasión en toda regla en el ámbito judicial. El proceso abierto tras la denuncia por el caso Kibesan tendrá los tiempos que marque su señoría, la encargada de la instrucción, la que llevará las riendas del caso por donde estime, sin presiones, sin advertencias. Porque aquí parece que hay quienes pretenden saber más que los jueces, adelantando posibles decisiones, yendo más allá como si fueran amos y señores que buscan un escarnio público. La justicia será la que dictamine, lo hará a su ritmo, de manera profesional. Otros seguirán ejemplificando día a día su nulo sentido de la responsabilidad, manejando sus mensajes en base a sus intereses nacidos de personas que hoy hacen lo que hacen porque no han conseguido sus objetivos. Así de triste.
Bel no se esconde. No tiene por qué. Ayer acudió a declarar, con la cabeza bien alta, junto a su abogado y al lado del presidente de la Ciudad. Firme, con sus ideas claras, sonriendo a los medios de comunicación que la esperaban para fotografiarla (¿harán lo mismo otros procesados o pedirán rendir cuentas ante sus señorías a puerta cerrada? Habrá tiempo de verlo y contarlo). Y es que en esta historia los otros se esconden, ocultan sus intenciones, chantajean, explotan meras rumorologías, no se presentan ni en público porque su conciencia puede que no sea lo libre que alardean. A Yolanda Bel ya le han hecho el paseíllo. El tiempo y la verdad pondrán a cada uno en su sitio.





