La familia del ceutí asesinado pide que se resuelva el caso y no se olvide. Tal día como hoy hace dos años era miércoles y Tarek tomaba un café al lado de su casa. Sus cuatro hijos salían del colegio, a pocos metros de la cafetería donde se encontraba, cuando un hombre bajó de una motor roja y segó su vida por la espalda con un disparo en la nuca. Se fue en la misma moto roja que era robada. Pocos datos más. Nunca más se supo nada de la persona que apretó el gatillo, dejó sin padre a cuatro niños, viuda y unos padres y hermanos destrozados que siguen pidiendo justicia porque “no olvidamos que le asesinaron y que su asesino sigue suelto”. Tarek se quedó allí con 32 años. Hoy tendría 34 y estaría disfrutando de la su familia. “A sus hijos ni siquiera les ha quedado una pensión de orfandad. Su madre estuvo en el Plan de Empleo pero ahora sale adelante como puede con una paga de 280 euros”, explica la hermana de Tarek que pone voz a lo que llevan pidiendo desde que sucedió todo hace dos años: una investigación clara y efectiva de los hechos y una depuración de responsabilidades. “Había mucha gente en el cafetín y nadie vio nada, qué casualidad”, lamenta.
Su madre sigue llorándole cada día y su padre continúa con la cafetería que regenta en Los Rosales y donde Tarek le ayudaba siempre que podía. “Estamos mal todos, esa es la verdad y queremos que haya justicia, que no se olvide de que hace dos años asesinaron a mi hermano y hacemos un llamamiento para que reabran el caso y lo investiguen al final para que el asesino de Tarek esté en la cárcel y no nos lo crucemos sin ni siquiera saberlo”. La hermana explica que se esperan nuevas pruebas para que se reabra el caso pero que no hay nada. “Parece que se cayó de la silla y ya está y no que lo mataron tras varios disparos de un tiro en la cabeza por la espalda y rodeado de gente”, dice.
Cinco meses después de la muerte de Tarek la justicia archivaba el caso ante la indignación de la familia. El motivo fue que no existía ni un solo hilo conductor que llevara a la UDYCO a tener un mero sospechoso para que se abriera una investigación que les condujera a la autoría del crimen. Su familia insiste en que pasen los años que pasen, clamarán por la resolución de los hechos. La UDYCO pudo contar con la grabación del asesinato, al disponer de cámaras en puntos cercanos y también en su día se dijo de la disposición de testificales que podían ayudar al desarrollo de la investigación. Nada ha servido. Dos años después una familia destrozada insiste en que “debe hacerse justicia”. Desde el principio insistieron en que no había ajuste de cuentas en el caso sino asesinato. Asesinato sin resolver.






