La sede que Caballas tiene en la barriada de Hadú fue objeto de un ataque vandálico, después de que uno o varios individuos arrojaran una botella con líquido inflamable con la pretensión de quemarla. No es la primera vez que esta sede política sufre ataques, aunque el de la pasada madrugada fue el más grave toda vez que se quiso destruir el local que sirve de referencia para la coalición. Robos de ordenadores, daños o la quema del coche de Mohamed Alí han precedido el mayor ejemplo de lo que no debe ser la lucha política. Quienes optan por esta vía para mostrar su rechazo contra el ideario de Caballas son extremistas, radicales que no entienden de democracia, individuos que se apoyan en la extendida cultura del fuego para acabar con lo que, al parecer, les debe resultar molesto.
La Policía Nacional es la que ahora debe investigar qué hay detrás de este suceso, intentando dar con la persona o personas que han querido destruir una sede que significa mucho para la coalición, puesto que incluso sirve como una oficina solidaria. Allí, por ejemplo, se atiende a los solicitantes de becas y allí, también, recogen el sentir de los vecinos. ¿Quién quiere hacer daño a la coalición?, ¿quién es capaz de actuar de esta manera persiguiendo hundir la sede física de este proyecto? Es ésta una muy mala noticia para nuestra sociedad, es una mala noticia que no debe encontrar hueco en el panorama de lucha política en el que vivimos porque los extremismos y las concepciones radicales no caben en el proyecto común de vida que tiene Ceuta.
El atentado sufrido por Caballas merece una amplia condena a la vez que urge conocer quién está detrás y por qué.





