No paramos. Llevamos meses informando de accidentes de tráfico en los que el exceso de velocidad o los despistes son los protagonistas. Algunos han dejado heridos graves, otros han resultado milagrosos, y en la mente pesa todavía el fallecimiento de la pequeña Jennifer en un paso de peatones de Miramar. El 112 informa de los consejos que cabe cumplir al volante y no se cansa de lanzar advertencias para que adoptemos una conducción segura. A pesar de eso nos topamos con fotografías difíciles de entender: cómo puede volcar un vehículo en una carretera en la que no debe superarse los 40 kilómetros por hora, o cómo puede terminar empotrándose contra unas viviendas cuando sobre la carretera existen incluso badenes y señales de advertencia. Este año superamos ya los accidentes que se produjeron en el mismo periodo de 2012, a pesar de las insistencias y la gravedad de algunos episodios se sigue incurriendo en una conducción alocada y temeraria. Urge un debate público, una reflexión sobre el control que debemos tener con unos vehículos que pueden convertirse en máquinas de matar. La conducción segura es un deber y obligación de todos. No se puede seguir por el camino emprendido.





