El 12 de marzo de 1959, cuando hacía el servicio militar, Manuel Rodríguez decidió ocuparse del negocio de un familiar y ahí comenzó una dedicación a la que entregó más de medio siglo de su vida. “Trabajar en un kiosko es algo muy esclavo pero da mucha recompensas, como la de entregar un premio”, explica al lado de una sobrina política que se ha ocupado, inmersos en el proceso aún del papeleo, de agarrar la batuta del negocio. Se llama Mª Ángeles Anaya y manifiesta estar muy contenta por la persona que decidió jugar en su kiosko al Joker, una modalidad dentro de La Primitiva con la que consiguió 10.000 euros. “No sabemos quién es, pero nos alegramos mucho”, reconoce mientras explica en qué consiste esta modalidad de apuesta en la que existe un bote de un millón de euros que nunca se reparte y si se consiguen cinco aciertos, por dos euros el jugador puede llevarse 10.000. “Hemos repartido además desde que se puso en marcha este tipo de juego en octubre del año pasado otros cinco premios de mil euros y cuatro de cien”. El último se jugó el pasado 15 de junio y ayer recibieron la noticia desde Loterías y Apuestas del Estado de que lo habían dado.
Manuel recuerda cuando el kiosko estaba un poco más abajo, al lado de la comisaría de la Policía Local. “En 1994 me trasladaron aquí”, comenta al inicio de la Avenida de África, unos metros más atrás del lugar originario. “Era más pequeño, las apuestas se echaban en un buzón y luego llegó la etapa de los sellos y si había levante se tenían que llevar a Hacienda para que se custodiaran los boletos, todo era más complicado, ahora con la máquina es mucho más fácil”. El kiosko era rojo y blanco y tenía publicidad de Jiménez varela y Bentata que les subvencionaban el poder pintarlo a cambio “y se vendían cientos de periódicos, pero ahora ya esto de las nuevas tecnologías nos están haciendo polvo y también se nota en las apuestas, la verdad”.
Dicen que el trimestre pasado ha sido uno de los peores en las últimas décadas y lejos de entrar en el pesimismo, mientras hablan con los clientes y dicen que hacerles felices con uno de estos premios es lo mejor de su trabajo. Hace poco, un vigilante del ambulatorio más cercano ganó 54.000 euros “y era un joven que se había casado, acababa de tener un niño y le hacía falta el dinero, así que nos hizo mucho ilusión”, cuenta Mª Ángeles. Manuel recuerda que un panadero obtuvo un premio de cinco millones “de las antiguas pesetas y con ese dinero compró un horno para su negocio”. Así que, vendan más o menos y estén afectados “como todos” por la crisis, explican que “días como los de hoy [por ayer] en que te informan de que has dado un premio, merecen la pena”. Esperan seguir repartiendo muchos premios e ilusión entre sus clientes, casi todos conocidos.






