El traslado de todo el material que contiene la Biblioteca del Polígono (cuyo cierre se llevará a efecto el próximo día 21, tal y como se informó en la edición de ayer) se está convirtiendo en una auténtica odisea para los trabajadores. La labor que queda por delante es mucha y todo debe controlarse al detalle para adaptarse al nuevo espacio cultural construido en Huerta Rufino, reflejo de la inversión aportada por el Estado.
Todos y cada uno de los ejemplares deben llevar una nueva pegatina de seguridad, con la que se evitará su posible sustracción, atendiendo así a las nuevas normas establecidas en la Biblioteca del Estado. El mismo esmero y cuidado debe ponerse en el embalaje de las cajas en donde se irán guardando los libros, documentos y revistas que se han ido almacenando durante todos estos años en la Biblioteca del Polígono. Son tantos que ya ni siquiera cabían. Los trabajadores tenían que colocarlos donde podían, aunque fuera en una esquina montando una hilera difícil de traducir en un número concreto. Con las estanterías llenas, las instalaciones se estaban estirando como un chicle para dar cabida a todo. Ahora, su próximo hueco lo tendrán en la Biblioteca del Estado, que espera abrir sus puertas entre septiembre y octubre de este año, una vez se termine de adecuar sus instalaciones.
A contrarreloj se trabaja para garantizar un traslado en condiciones, cumpliendo los plazos para echar el cierre a unas instalaciones que quedarán sólo como una sala de apoyo.






